viernes, 14 de febrero de 2014

"My own dreams" Capítulo 32

Buenas! Bueno, si me leeis en twitter os habréis dado cuenta de que no estaba muy bien últimamente, y que... me borré twitter por una semana. Para pensar, desconectar y desahogarme. La verdad es que estoy mucho mejor, por si a alguien le interesa. Era esa una de las causas por las que he tardado tanto. Otra es porque últimamente, debido a problemas personales, tengo la imaginación en off, y me está costando muchísimo seguir con esto, por lo que agradecería que, si tenéis alguna propuesta o me quereis ayudarme a seguir, sería de agradecer. Bueno, espero que no os decepcione el capitulo. Comentad en lo que sea. Os quiero, y gracias por gasta una parte de vuestro tiempo en leerme :')




*Narra Blas*

Un ruido ensordecedor hace que abra los ojos sobresaltado. Alguien me estaba llamando.

-¿Si? –dije medio adormilado.

-Buenísimos días. Hoy viene Carlos a Madrid a eso de las doce, así que vamos todos, los tres, a recogerlo, ¿O.K?

-¿Qué Carlos?

-¡Qué Carlos va a ser! El rubio alicantino. Amigo de Martus. Novio mío. ¿Te va sonando?

-A, sí…

-¡Genial! A las doce en la estación. ¡Besitos!

-Pero qué… -no me dio tiempo a acabar, ya había colgado. Suspiré. Esta chica no tiene remedio.

-¿Quién era? –escuché detrás de mí. Marta se estaba estirando, con cara de recién levantada, y restos del maquillaje de anoche. Aún así, estaba preciosa.

-Marina. Que viene Carlos y quiere que vayamos los tres a buscarle a la estación.

-Oh, vale. ¿Qué hora es?

-Las… -miré mi móvil –once. Tenemos una hora.

-Pues vamos –nos levantamos y desayunamos rápido. Cada uno se duchó por su cuenta. Marta se vistió con ropa de Marina, para no destacar mucho con el vestido. Llevaba unos pitillos negros y una camisa blanca suelta y transparente, con una camiseta de tirantes básica del mismo color para que no se viera nada. Zapatos sí que se puso los tacones negros de anoche, ya que no calzaban el mismo número.  Yo me puse unos vaqueros y una camiseta blanca básica, con unas asics del mismo color.

-¿Ya estás? –me preguntó.

-Sí.

-¿Llevas todo?

-Creo que sí.

-¿Y cinturón? –fui a mirar, pero me lo quitó rápidamente.

-Eh, dámelo.

-No –sonrió pícaramente y me empujo hacia atrás, haciendo que cayese en la cama.

-Vamos a llegar tarde.

-¿Y? –dijo poniéndose encima de mí y besándome.

-Pues…

-Sh… -me quitó la camiseta, y con un ágil movimiento la tumbé.

[…]

 

*Narra Marina*

Me levanté pronto, algo raro en mí, pero estaba nerviosa por volver a verlo. Había quedado con él en que lo iría a recoger. Llamé a Blas para decirle que vinieran ellos dos también.

Me arreglé un poquito. Llevaba unos vaqueros negros y una camiseta de tirantes negra. Encima de esta, un top rojo ancho de manga corta, con los hombros caídos y unas letras negras. De calzado unas converse del mismo color que el top. Un poquito de maquillaje y ya está. Fui a la cocina a desayunar algo, aún había tiempo. Pronto, entró Silvia.

-Buenos días. ¿Qué guapa vas, no?

-¡Buenísimos días! Muchas gracias… ¿De verdad te gusta?

-Sí, me encanta, te queda genial.

-Ais, es que estoy nerviosa. Sé que no debería estarlo, a ver, es mi novio, pero no sé, ag, como hace mucho que no le veo no sé cómo estará, y…

-Eh, tranquilízate Marina. Todo va a salir bien. Además, tampoco hace tanto que no lo ves.

-Ya, pero lo echaba tanto de menos…

-El amor… Anda, termina de desayunar que van a ser ya y media.

-¿Qué? Ai, y media ya, no me da tiempo, esto es muy frustrante, gracias Silvia, me voy –dije cogiendo mi mochila y saliendo de la casa. No me costó mucho llegar a la estación, a pesar de mi pésima orientación. Estuve esperando un rato, y pronto lo vi. Iba con unos cascos, que en seguida se quitó. Fui corriendo hacia él, literalmente. En cuanto me oyó, levantó la cabeza y me abrazó fuertemente, tras yo tirarme a sus brazos. Estuvimos un rato así, hasta que él me aparto un poco y me besó. Añoraba sus besos.

-Te he echado de menos.

-Y yo a ti rubio –dije sonriendo. En ese momento me acordé de que Blas y Marta iban a venir también… ¿Dónde estaban?

-¿En qué piensas? –dijo Carlos devolviéndome al mundo.

-Ah, en nada. Qué… -vacilé un poco al contárselo. Se supone que iba a ser una sorpresa, pero… da igual ya –había llamado a Marta y Blas para que vinieran también, pero no aparecen –en ese momento, entraron en la estación cogidos de la mano andando a paso ligero. Nos vieron y vinieron corriendo hacia nosotros. La primera fue Martus, que fue corriendo (cosa que admiro, ya que llevaba los tacones de ayer) a darle un abrazo a Carlos.

-¡Rubio feo! ¡Cuánto tiempo!

-¡Hola loquis! Pues ya ves…

-Me alegro de que estés aquí, Marina está un poco necesitada… -dijo mientras me miraba y se reía. La miré con cara de asesina, pero enrojecí a la velocidad de la luz al ver que los tras me estaban mirando.

-Marta, algún día morirás entre terribles sufrimientos….

-Algún día… Oye, pero que te quiero, jo… -dijo dándome un abrazo. Intenté zafarme de ella, pero no podía, es algo más grande que yo. Al final, tuve que ceder a su abrazo. Blas y Carlos ya se habían saludado.

Salimos los cuatro de allí.

-Carlos, ¿dónde te alojas?

-He cogido un piso de alquiler. Esta bastante bien, pero algo lejos de aquí… tengo que coger el metro.

-Pues vamos –dije yo.

-Nosotros no llevamos dinero encima –dijo Blas.

-Y no, no nos vais a pagar el viaje vosotros –dijo Marta mirándonos a los dos al ver lo que íbamos a decir.

-Bueno, pues nos vamos nosotros –dijo Carlos mirándome.

-Vale, ¡hasta luego chicos!

-Adiós fea –me dijo Martus dándome un abrazo.

Nosotros bajamos las escaleras del metro y ellos dos se fueron por donde habíamos venido.

[…]

*Narra Marta*

-Creo que en esta semana he pisado más la estación que en toda mi vida –le digo a Blas. Vamos paseando cogidos de la mano, sin ninguna prisa, sin ningún rumbo.

-Puede ser…

-Primero llego yo, luego Dani, luego Carlos… Y porque vosotros no me dijisteis que vieníais porque si no… -rió ante mi comentario.

-Pues nada, que parece ser que te gustan los trenes.

-Me gustan los trenes –dije imitando aquel video gracioso que vi en YouTube hace unos días. Esto causa la risa de Blas de nuevo. Me encanta su risa. No sé, es tan… ais.

-Eres la mejor.

-¿Yo? ¿Pero qué he hecho?

-Todo y nada. No sé cómo explicarme. Me encanta tu locura, te hace adorable. En realidad, me encantas tú –le besé.

-Blas. ¿Qué dijimos de lo de ser tan cuqui?

-Mm…

-Que dejes de serlo, porque a mí me debilitas, y no, no puede ser.

-No puedo evitarlo, me sale solo.

-Pues… pues… ag, te odio –dije volviéndole a besar. Esta vez fue un beso más largo.

-Yo te amo.

-Blas…

-Más que a nada.

-Blas, Stop –rió y me dio y pequeño beso en los labios. Comenzó a andar otra vez.

-Capullo… -sonreí y corrí para alcanzarle. –Eh, espérame. ¿Tú sabes lo difícil que es correr con tacones?

-No, ni tengo curiosidad por saberlo. Te lo digo porque no pienso correr con tacones. Nunca.

-Ui, eso ya lo veremos… -reí al decir esto. Blas me miró un poco perplejo, pero le contagié la risa en un momento.

-Anda, ya te vale…

Seguimos caminando un rato y volvimos a su casa a comer. La verdad es que comimos lo que sobró de la cena, porque había tantísimas cosas… Parecía un bufé libre. La tarde la pasamos allí también, vagueando sobre todo. No quería irme, estaba tan a gusto…

 

*Narra Gloria*

Llevo unos días encontrándome bastante mal. Quiero pensar que es algún resfriado o gripe, pero no me siento como si solo fuera eso. No sé, es raro, nunca me había pasado algo parecido. No se lo he querido decir a nadie, supongo que será una tontería. Pero… la regla se me ha retrasado… igual un par de días es normal, ¿no? El problema es… que no son dos días… han pasado dos semanas…

domingo, 2 de febrero de 2014

"My own dreams" Capítulo 31


*Narra Marina*

La verdad es que las chicas son muy majas, Marta va estar bien con ellas. Me iba a quedar esta noche con ellas. Estuvimos hablando un rato sobre cómo creíamos que les iría la noche, y todas sacamos la misma conclusión: esta noche, iba a haber tema. Era obvio. La verdad es que la idea que tuvo Blas fue genial, Martus se lo merece. Aunque… en cierto modo, siento envidia. Echo de menos a Carlos. Hace días que no sé nada de él, ni una triste llamada, ni un triste mensaje, nada. Pensar en ello me entristecía, pero no podía evitarlo. Yo también quería que alguien me preparase alguna sorpresa, que se preocupara por mi… no sé. ¿Y si Carlos no era el chico de mi vida? ¿Y si no me había enamorado de verdad? ¿Y si él no me quería tanto como decía? Todas estas preguntas me asustaban. Yo lo quería… o eso pensaba. Pero… tantos días sin saber nada de él, estando desaparecidos… no sé qué pensar. MI móvil sonó y salí del salón, donde estábamos las cuatro hablando. Lo cogí sin mirar quién era.

-¿Sí?

-Te quiero –esa voz…

-¿Carlos?

-Sí, lo siento.

-P… pero qué…

-Déjame explicarte por favor. Hace unos días murió mi abuela, y era como mi segunda madre, me dolió mucho. He estado estos días bastante mal y bueno… no quería preocuparte ni nada, solo quería que estuvieras bien.

-Joder Carlos… podrías habérmelo dicho, habríamos superado esto juntos, te habría intentado ayudar… no sé…

-Tranquila. Pero eso no es todo lo que te tenía que decir.

-¿No?

-He decidido que me voy a ir a Madrid una temporada. Aquí todo me recuerda a ella y me pone mal… además, allí hay más oportunidades de todo, y bueno… quiero cambiar un poco de aires. Hasta que se me pase todo.

-Carlos.

-Siento alejarme aún más de ti, pero lo necesito de veras, espero que…

-Que estoy viviendo en Madrid.

-¿Qué estás qué?

-Pues eso. Como llevamos tanto sin hablar pues… también ha sido culpa mía, yo tampoco te llamé, lo siento. Fue idea de Blas, para estar más cerca de Martus, y bueno…. Llevamos aquí una semanita ya.

-Bueno, así estamos en paz…

-Sí…

-Pero… ¡entonces te veo mañana!

-¿Mañana?

-Sí, mañana llego a Madrid, a eso de las 12.

-Pues… nos vemos mañana.

-Sí… -un silencio incómodo pero a la vez agradable se hizo ente los dos.

-Te echo de menos rubio.

-Y yo a ti morena. Tengo que colgar, nos vemos en nada amor. Te quiero.

-Yo a ti no.

-¿Cómo que no?

-Porque eres un feo.

-Ah, muy bonito…

-Que no tonto, que te amo.

-Ya decía yo…

-Jajaja anda, tira.

-Hasta mañana guapa. Sueña conmigo.

-No sé yo si lo haré eh… -reí. –Nos vemos en nada feo –y colgué con una sonrisa en la cara. No me lo podía creer, ¡lo iba a ver mañana! La felicidad me llenaba. Volví al salón con las chicas y, tras su insistencia, les conté lo que había pasado. Mañana iba a ser un gran día.

No hicimos mucho más en toda la noche, no teníamos ganas de salir. Descubrimos una consola wii en uno de los armarios del salón. Había un par de juegos. Decidimos conectarla. Bueno, en realidad, de eso se encargó Gloria. Era como la manitas, la que más sabía de cables y enchufes y todo eso. Yo es que no tenía ni idea de eso. Pusimos el “Just Dance”. Era la primera edición, pero no importaba. Nos pusimos a “bailar”. La verdad es que hacíamos el ridículo, pero nos divertimos un rato. Las risas no cesaban, y cada canción o cada baile era más gracioso que el anterior. Lo pasé muy bien con ellas. Aunque no duramos ni una hora jugando. Parecía una tontería, pero… el jueguecito cansaba lo suyo… Tras aquello decidimos ir a dormir. Había sido un día largo, y tras esto, el cansancio en el cuerpo era notable. Y, aunque pareciese raro, nos quedamos todas dormidas en un santiamén.

 

*Narra Álvaro*

Noche de fiesta. Eso es lo quería y necesitaba. Y es que… ¿Hace cuanto que no iba por ahí de fiesta? Decidí llamar a un amigo al que hacía tiempo que no veía, seguro que nos echábamos unas risas. Quedamos en la puerta de una discoteca. Paula y yo nos arreglamos y fuimos hacia allí. Llegamos un poco pronto, por lo que decidimos entrar y tomar algo. Pronto salimos fuera y, tras esperar un par de minutos, apareció.

-¡David!

-¡Ei, bro! –vino corriendo hacia mí y nos dimos un abrazo.

-Cuánto tiempo tío.

-¡Y tanto! ¿Qué tal te va la vida?

-Pues últimamente genial. Mira, esta es Paula, mi novia. Paula, este es David, el amigo del que te hablaba.

-Encantada –dice dándole dos besos.

-Igualmente. Vaya, vaya, así que con novia y todo…

-Para que veas. Y muy bien que estamos –dije abrazando a Paula por detrás mientras sonreía. Ella se empezaba a poner colorada y sonreía tímidamente.

-Bueno, ¿entramos? Dicen que en el tercer piso hay dj internacional, pero no sé cual.

-Vamos a comprobarlo, ¿no? –y, tras decir esto, entramos los tres en la discoteca. Había muy buen ambiente, y la música, tal y como decía David, merecía la pena. Estuvimos un rato en un sofá poniéndonos al día y contándonos un montón de cosas. Me comentó que estaba pensando en volverse a Granada, su ciudad natal, porque no le estaba yendo nada bien y no conseguía cumplir su sueño. La verdad es que me sentí mal por una parte. Quería ayudarle, pero no sabía cómo.

Bailamos y bebimos toda la noche. Digamos que íbamos algo contentos. Salimos de la discoteca, decidimos que ya había sido suficiente por hoy. Quedé con David en vernos otro día, y nos despedimos. Paula y yo no parábamos de reír. Íbamos más acaramelados de lo normal. Llegamos a casa y Paula me quitó la chaqueta rápidamente. Yo hice lo mismo con la suya. Nos miramos un momento y nos besamos apasionadamente. Subió sus manos hasta mi cabeza, acariciándome el pelo, cosa que me volvía loco. La cogí en brazos y la llevé hasta la habitación. La bajé y ella me tiró a la cama. Sonrió pícaramente y se puso encima de mí, gateando hasta llegar a mi boca. Mi camiseta desapareció, su vestido también. Jugaba con mi cinturón, dándome pequeños besos en el pecho y el abdomen. Me estaba provocando, y solo ella sabía cómo hacerlo. Decidí que ya era suficiente. Las ganas que tenía de ella no eran comparables con nada. Le quité toda la ropa que le quedaba y me puse encima de ella, con un rápido movimiento. Entré en ella, haciéndola gemir.

-Te quiero.

-Yo no.

-Ah, ¿no? –dije embistiéndola más fuerte que antes.

-SI vas a seguir así, te odio, eres un hijo de puta, y ojalá no te hubiera conocido en la puta vida –reí ante su comentario y seguí moviéndome dentro de ella salvajemente, haciéndola gritar. Sus uñas se clavaban en mi espalda como agujas, pero no me importaba. Solo sentía placer. Seguimos así un rato, hasta que los dos alcanzamos el clímax total.

-Oye, tonto –dijo apoyándose en un brazo y girándose hacia mí.

-Dime imbécil.

-Que en realidad te quiero.

-¿Crees que no lo sabía?

-Gilipollas… -dijo golpeándome en el brazo y dejándose caer en la cama, boca arriba. Me puse encima suyo y la besé.

-Yo también te quiero –nos miramos. Me volví a perder en su mirada. Era una mirada felina, provocadora, pero a la vez dulce y encantadora. Un lugar para perderse y no salir. Unos ojos negros, oscuros, preciosos, que brillaban como si de diamantes se trataran. Le di un ultimo beso y me dejé caer en la cama.

-Buenas noches preciosa.

-Buenas noches amor.

 

*Narra David*

Me despedí de Álvaro y su novia y me fui andando. En realidad, no tenía sueño ni ganas de volver a casa. Quería pensar. No había bebido apenas esta noche, por lo que tenía la cabeza bastante fría. Metí mis manos en los bolsillos del pantalón y empecé a andar sin rumbo. Las calles de Madrid estaban prácticamente desiertas. Comencé a pensar en la idea de marcharme de nuevo a Granada. Vine aquí para luchar por mi sueño, que era ser cantante, dedicarme a la música, demostrar que tengo talento… pero no he conseguido nada. Cuando conseguí el dinero suficiente, grabe una maqueta, con la esperanza de enseñársela a alguien algún día. Pero mis contactos son limitados, y no pude hacer nada con ella. Y ya me he cansado de luchar por algo que no va a suceder. He buscado por todos los rincones, lo he intentado todo… pero no he obtenido nada. Y ya no hay nada que me ate aquí, que me incite a seguir luchando. Llevo ya dos años haciéndolo. ¿Por qué tendría que pensar que mi suerte iba a cambiar? No tengo nada más que hacer aquí. Lo mejor sería que me fuera a Granada de nuevo, con mi familia. Los echo de menos. Y allí tengo a bastante gente. Aquí… bueno… no tengo a casi nadie. Cada día la idea de marcharme se hace más grande. Y creo que sí, que será lo correcto. En cuanto tenga el dinero, me iré. Lo que no sabía yo era que el destino me tenía preparado algo que cambiaría mi vida por completo. Y esta vez, sería para bien. Pero bueno, ¿para qué adelantar acontecimientos? Dejemos que la vida siga su camino.

"My own dreams" Capítulo 30

Lo sieentoo! Sé que prometí los capis ayer, pero me quitaron el ordenador, perdonaarrrrrme! Espero que os gusten... Y de momento, solo subo dos. Si me da tiempo, esta noche el tercero! Esque no me da para más, y tengo mil cosas que hacer... sorry!
Comentado con lo que sea por favor.... Y mil gracias a todos!

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-¡Fiu fiu!

-¡Guapísima!

-Tías, ¿a dónde voy yo así?

-A tener la mejor noche de tu vida.

-Pero… no voy demasiado…

-Vas perfecta Marta.

-Jope, gracias –me acerqué y abracé a las cuatro.

-Suelta, que te vas a despeinar o algo, y tienes que estar perfecta –dice Marina separándome de ella.

-Boba… ¿Pero se puede saber qué habéis hecho?

-Nosotras ya hemos hecho todo lo que teníamos que hacer, ¿no? –dice Nagore poniendo sus brazos en jarra y mirando a Marina, que asintió. Me sentía observada.  De pronto, llamaron al timbre.  No sé por qué, pero los nervios se apoderaron de mí. Las chicas me empezaron a decir que me cogiese el bolso y que saliese, que me estaba esperando abajo.

Bajaba el ascensor taconeando, impaciente. Me miré al espejo. Llevaba un vestido con la parte de arriba blanca de un solo tirante y a la altura de la cintura como un cinturón de piedrecitas marrones, dejando una falda con vuelo negra por encima de las rodillas y unos tacones a juego con esta. Llevaba el pelo rizado y recogido con una especie de corona de florecitas blancas. Mis labios estaban coloreados de un rojo pasión, que resaltaba junto a mis ojos perfectamente pintados.  Llegué al piso de abajo y lo vi allí, en la puerta, apoyado en una columna. Iba perfecto. Pantalones negros, camisa blanca con un par de botones desabrochados, y una americana a juego con los pantalones. Sencillo, pero perfecto. Me miró y a poco se le cae el móvil. Ninguno sabía qué hacer, estábamos demasiado empanados. Me acerqué poco a poco y le di un pequeño beso en los labios.

-Guau… Estás… Preciosa.

-Eh… Gracias –dije sonriendo. –En realidad han sido las chicas, yo no he hecho nada, je –agaché la cabeza. ¿Por qué estaba tan nerviosa?

-Eh, ¿vamos? –dijo tendiéndome su brazo. Lo agarré, segura.

-Vamos.

[…]

Llegamos a su portal y me tapó los ojos con un pañuelo.

-Blas, ¿Qué haces?

-Confía en mí –no dije nada más. Notaba sus manos en mi cintura conduciéndome hacia el ascensor, y tras salir de él, me llevó hasta su piso. Dejé de sentirlo por un momento, pero escuché cómo la puerta se abría, y una presencia detrás de mí.

-Te quiero –me susurró al oído. Mi piel se erizó, y sonreí inconscientemente. Poco a poco me quitó la venda, y mi vista se fue haciendo a la tenue luz que provenía del interior de la casa. Caminé por el pasillo que estaba lleno de pétalos de rosa y llegué al salón. Estaba perfectamente ambientado, con velitas y una luz ambiental apagada que hacía todo mucho más íntimo.

-¿Te gusta?

-Es… precioso –esbocé una sonrisilla. –Es perfecto Blas –me giré hacia él.

-Para una chica perfecta.

-¿Por qué has hecho todo esto?

-Te lo mereces.

-No, no me lo merezco. Yo no he hecho nada especial Blas, a mi jamás se me habría ocurrido la idea de hacerte algo así –una lágrima cayó por mi mejilla. Blas la secó rápidamente.

-Con tenerte me es suficiente Marta. Te amo. Y Tan solo estando a mi lado me haces el hombre más feliz del universo.

-No, no lo entiendes, yo… Joder, yo te amo, lo sabes, pero esto es tan maravilloso, que me da miedo de que sea un sueño y no quiero despertar. Porque todo tiene un final, y me da miedo que todo esto termine, que me dejes, que sea otra a la que le hagas estas sorpresas… No sé, yo… siento que no te merezco. Que eres demasiado para alguien tan insignificante como yo, que no me merezco nada de lo que me está pasando porque no he hecho nada para merecérmelo.

-Mi niña… el que no te merece soy yo.  Haces muchísimo más de lo que crees. Te voy a confesar algo. Siempre te he querido, desde cuando éramos pequeños y nos conocimos en aquel rincón del parque. Cuando te fuiste lo pase mal. Era muy pequeño para saber lo que era el amor, pero no sé… sentía algo inexplicable. A partir de ese día me uní más a Marina porque sabía que era la única manera de mantenerme en contacto contigo, o al menos saber de ti. Nunca he tenido el valor de confesarlo, o de ir a por ti. Teníamos… ¿8 años? Suponía que habías rehecho tu vida, era lo lógico, eras un  amor platónico. Yo lo intenté, pero eras tú la única que estaba en mi cabeza. Decidí esperarte. Y cuando te vi en la estación… esa sensación que hacía 10 años que no sentía explotó en mí. Y ahí comprendí que fuiste, eres, y serás la única. Te amo. Y ya por el simple hecho de que fueses a Murcia y me aclarases mis sentimientos tienes el cielo ganado. Te amo Marta –me acarició la mejilla quitándome las lágrimas que caían por ellas.

-Gilipollas, ya has hecho que se me valla el maquillaje a la caca –rió por mi comentario. Anda que yo también…

-Tú estás guapa con todo.

-Buen chiste.

-No es un chiste.

-Pues a mí me lo parece.

-Pues muy mal porque tengo razón.

-Que no.

-Que sí.

-Cabezón.

-Guapa.

-Que no…

-Preciosa.

-Mira que eres tozudo eh…

-¿Tozudo? ¿Eso qué es? –reí ante su comentario.

-Te amo –dije, y tras ello, le besé con ganas. –Gano yo.

-Ya veremos… ¿Cenamos?

-Claro.

[…]

Terminamos de cenar y pusimos una película. Nos sentamos en el sofá y apoyé mi cabeza en su pecho. Me acariciaba el pelo suavemente, yo me dejaba hacer. Me relajaba, me sentía feliz, completa. Solo se oía la tele. ¿Para qué hablar y romper la magia del momento? Pronto termino la película. Noté la mano de Blas bajar por mi brazo, hasta llegar a mi cintura. Con un ágil movimiento y sin que él se lo esperara, me senté encima suyo y lo miré pícaramente.

-Así que el señorito quiere jugar… -dije dándole pequeños besos en el cuello.

-Puede… -dijo acariciándome y haciendo que me estremeciera.

-Pues que empiece el juego –y, sin esperármelo, me cogió en brazos y me dio un beso apasionado. Fue directo a la habitación. Iba desabrochándole poco a poco los botones de su camisa, pronto la cremallera de mi vestido estuvo bajada. La ropa sobraba. Me tiró en la cama y se puso encima de mí, besándome de nuevo. Reíamos como dos tontos enamorados. Se me ocurrió una cosa y me separé un momento de él.

-Oye… ¿Estás seguro de que Marina no va a aparecer ahora y nos va a cortar el rollo, no? –se quedo serio y me miro a los ojos. Al segundo los dos reímos.

-Espero que no… Nada ni nadie va a estropear este momento –sonreí y le mire a los ojos, esos ojos tan hipnotizantes que me habían enamorado locamente de él. Lo atraje hacia mí, haciendo que me besara. Y entonces, nos unimos. Dos cuerpos en uno, bailando al compás de la marea. Una melodía que solo nosotros dos podemos componer. Sentimientos, placer. Todo en uno. Una sensación imposible de explicar. Una historia en la que nosotros marcamos el principio y el final. No hay prisa, solo amor. Amor y ganas. Muchas ganas. Y así, acabamos la noche. Siendo simplemente felices.