martes, 31 de diciembre de 2013

"My own dreams" Capítulo 25

Bueno, bueno... GRACIAS! Me parece que voy a decir más veces que hago capis sosos para que comentéis... jaja Jo, en serio, que con los comentarios me llenáis muchísimo, y me animáis, sin quererlo ni saberlo, a seguir escribiendo, aunque sea solo por vosotras (no sé si algún chico me lee, si lo hace, que se manifieste! ;)) Y eso, que estoy super happy, y para recompensaros... CAPI SORPRESA!
Bueno, espero que despidáis bien el año y entréis con mucha fuerza en el siguiente. Yo por mi parte, llevo el tobillo escayolado, para entrar con buen pie y eso... jajajaja. Bueno, pues eso, pasadlo muy bien esta noche, y feliz año nuevo! Gracias por leerme, y por aguantarme cada día, la verdad es que no es tarea fácil. Gracias a mis pinzallisimas, auryngozanas, incomprendidas, y más gente que está ahí apoyándome, a pesar de todo. Quería nombrar a Pilar, Zambra, Isabel, Soraya, Gloria, Miri, Paula, y muchas otras, que no tengo grupo con ellas, pero que les debo mucho, y que gracias por aparecer en mi vida, leerme, y estar ahí. Y quería hacer mención especial a mis dos mejores amigas a distancia. Aún no he tenido la oportunidad de abrazarlas, de verlas en persona... pero sé que ese momento llegara muy prontito. Esas dos personitas que han estado ahí siempre, que me han apoyado en todo, que me conocen más que yo misma. Gracias Marina y Nagore, por todo. Os quiero muchísimo en serio. GRACIAS por hacer que este año, dentro de lo que cabe, no haya sido tan malo.
Y ahora, después de mi parrafada sentimental, os dejo el capi. Espero que os guste!
*********************
 
 
 
Madrid. Llegamos. Bajamos del tren. Todo esto era enorme. ¿A dónde vamos?

-Glo… ¿Sabes llegar al piso, no?

-Claro. Ven, cojamos un taxi.

Montamos. La verdad es que no me esperaba que Gloria supiese dónde estaba esto, yo no me sabía ni la dirección… Pagamos el taxi y seguí a Gloria hasta el tercer piso. Había dos portales, uno a cada lado del pasillo. El nuestro era el A. Glo abrió la puerta. La verdad es que me quedé impresionada. Era bastante grande para ser un piso de estudiantes. Pronto escuchamos un ruido. No íbamos a estar solas. Atravesamos el largo pasillo que daba a un gran salón. Había dos chicas más.

-Hola –salude.

-Hola, soy Nagore –dijo una de ellas. Era más bajita que yo, castaña, con unos ojos azules enormes.

-Yo soy Silvia, encantada –dice la otra chica, morena, de ojos oscuros, no muy alta tampoco.

-Yo Gloria, igualmente.

-Yo me llamo Marta –digo yo, dándole dos besos a cada una. -¿Sabéis si va a venir alguien más?

-No –contestó Nagore –estamos las cuatro solo, no hay más camas…

-Ah, perfeeesssto… ¡Me pido escoger cama! –dice Gloria corriendo hacia la habitación que estaba libre.

-Pues nada, la que sobre para mí –digo encogiéndome de hombros. Las dos ríen. Me han caído bien, parecen majas. -¿Vosotras estudiáis también periodismo, no?

-Sí, acabamos de llegar también… -dice Silvia.

-A mí me han dicho que los que estás en el portal A estudian periodismo, los del B son de medicina. Tampoco son muchos pisos, hay cinco en total, así que no sé... –dice Nagore acomodándose en el sofá.

-¡Genial! Bueno, voy a dejar esto y a ver si me organizo… -digo yendo a la habitación. No era muy grande, tenía dos camas individuales, y dos armarios, uno en cada lado de la habitación. Gloria ya se había cogido cama y armario, así que empecé a deshacer la maleta y a guardar las cosas en el armario. En cuanto terminé, salí al salón, estaban hablando, pero a mi me había dado un poco el bajón, y no quería que me viesen así, por lo que les dije que me iba a dar una vuelta. Cogí una de las llaves que estaban en la mesa, el móvil y los auriculares, y salí de allí. La verdad es que no sabía hacia dónde ir. Comencé a andar sin rumbo, mirando atentamente todo lo que había a mi alrededor. Llegué a un parque, no había mucha gente. Me senté en un banco y, sin darme cuenta, empecé a llorar. Lo echaba de menos. Mucho. Joder… necesitaba oír su voz. Lo llamé, tardó bastante en contestar.

-Amor.

-Blas –dije con la voz un poco quebrada.

-Ei, ¿qué te pasa?

-Te echo de menos.

-Y yo a ti mi niña… ya verás cómo nos vemos dentro de muy poquito.

-Eso espero… necesitaba escuchar tu voz.

-Oh, que mona que eres.

-Nah… -dije soltando una risilla.

-Así te quiero oír yo, riendo y disfrutando mucho de Madrid. Te tengo que dejar mi niña, luego hablamos. Te quiero muchísimo ¿vale?

-Y yo a ti. Besitos.

Me sequé las lágrimas y levanté la cabeza. La verdad es que lo poquito que había podido hablar con él me había animado bastante. Me levanté de golpe del banco y choqué con alguien. Era un chico moreno… Espera. Yo lo conozco. Era… ¡Claro! ¡Me choqué con él cuando salí a correr en Zaragoza! ¿Pero qué hace él aquí?

-Lo siento –se disculpo –voy pensando en otras cosas y no me doy cuenta ni por dónde voy –me miró. Tenía como la mirada triste. Me dio pena, la verdad. Se me quedó mirando y en seguida me reconoció. –Yo a ti te conozco… ¿No me choqué contigo en Zaragoza?

-Parece que también te has acordado de mí, sí… -reímos.

-Soy David.

-Yo Marta –sonreí. –Oye, siento ser cotilla, pero, ¿te pasa algo? No sé, te noto como triste… que si no me lo quieres contar no pasa nada, yo lo entiendo, o sea…

-Mi novia me ha dejado –dijo de golpe. Eso sí que no me lo esperaba.

-Valla… lo… lo siento mucho de veras…

-No pasa nada. En realidad, lo nuestro estaba apagado hace ya tiempo y bueno… -le abracé. No sé, lo sentí así.

-Em… oye, si quieres charlar o algo…

-Me vendría bien, si te soy sincero. Ven, vamos al Starbucks que hay aquí al lado.

-¡Genial! Yo nunca he estado en uno…. –reconocí un poco avergonzada. –Eso sí, pagas tú, yo no llevo nada encima –rió ante mi comentario.

-No te preocupes por eso, pensaba invitarte. Vamos –Entramos y pedimos. La verdad es que no sabía muy bien cómo funcionaba esto, menos mal que estaba David, que si no… Nos sentamos en una mesa y empezamos a conocernos un poco. Me contó que él era de Granada, pero que se había venido a Madrid para seguir luchando por su sueño, que era ser cantante, y que ahora estaba en una orquesta, pero que iba a dejarla dentro de poco, ya que no le llenaba. También me conto que tenía amigos en Zaragoza y de vez en cuando iba a visitarlos, y que le encanta en deporte, de ahí que chocase con él aquel día en el parque. Me contó el por qué de la ruptura con su novia, y más cosas de su vida. Yo hice lo mismo. La verdad es que me transmitía mucha confianza, y esa sonrisa que no se le quitaba de la cara aunque estuviese hundido decía mucho de él. Decidimos quedar algún día, y, tras intercambiarnos los números de teléfono, nos despedimos, cada uno en una dirección diferente. La verdad es que, de momento, este viaje estaba siendo muy bueno. Y solo era el primer día. Lo que me quedaba por delante…

 

*Narra Blas*

Ya teníamos todo planeado. Era una locura, sí, pero haría todo lo que estuviese en mi mano para estar cerca de ella. Mis padres tenían un piso en Madrid desde hace años que pensaban vender, pero que me han dejado. Bueno, nos han dejado. Marina se viene. Costó convencer a sus padres, pero al final accedieron. Eso sí, ella prometió seguir estudiando allí y hablar todos los días con ellos. El tema de vivienda estaba zanjado. Ahora abría que buscar trabajo, y encontrarla ella. Pero eso más adelante. Le dije a Marina que le preguntase a Marta la dirección de dónde se alojaba, y ella se la dio un poco confusa. Marina le dijo que era para cuando fuéramos a visitarla, sonaba muy convincente. Si para lo que quiere, Marina es una genia. Con a, sí. Ahora había que sacar el billete… Eran bastantes caros, pero dentro de eso, encontramos alguna oferta. El más barato nos salía para el jueves, y hoy era lunes. Los cogí sin pensarlo dos veces. De pronto, me sonó el móvil. Lo cogí sin mirar.

-¿Sí?

-Blas tío, soy Dani.

-¡Ostia Danielo! ¿Qué tal tío?

-Pues muy bien, contento. El sábado me voy a vivir a Madrid.

-¿Qué vas a hacer qué?

-Eso, que…

-Joder, que yo también me voy a Madrid, el jueves. Iré a recogerte a la estación.

-Estaría bien, ¡que hace siglos que no te veo!

-Pues sí, me tienes olvidadillo…

-Anda, ¿y tú a mí qué cabrón?

-Ts, excusas… -los dos reímos. Esto sí que no me lo esperaba.

-Bueno, te dejo, que pago yo la llamada, nos vemos bro!

-¡Claro! Hasta dentro de unos días –y colgó. Este viaje prometía mucho. Y cada vez estaba más seguro que estaba haciendo lo correcto, aunque pareciese una locura.

 

*Narra Álvaro*

Bueno, mi vida iba bastante bien. Mis padres casi me matan cuando llegue a casa con Paula, pero es temporal, hasta que encontremos algún pisito a buen precio. Además, sé que le están cogiendo cariño. Si es que es un amor… Nunca me había sentido tan bien al lado de alguien. La verdad es que todo se lo debo a Marta. Si no hubiese sido por ella, no me habría dado cuenta de que a quien de verdad quería era a Pau, y no a ella. Tengo que hablar con ella, que me he enterado de que se ha venido aquí a estudiar, a ver si la veo. Por lo demás, no sé qué decir. Me ha salido un trabajillo en un musical, y no dudé en aceptarlo cuando me lo propusieron. Mezclaba mis dos pasiones, actuar, y cantar. Solo se harían tres actuaciones, pero pagaban bastante bien. Y lo mejor de todo, es que conseguí que aceptaran a Paula también. Es una artista, y tiene mucho talento, aunque ella diga que no, o lo esconda. Vale para esto y para mucho más. Y no es por qué sea mi chica… soy realista. Trabajar con ella va a ser genial. Los ensayos los empezamos mañana. Ella está muy nerviosa, además es muy transparente, y se le nota perfectamente. Pero sé que lo hará bien. Confío en ello.

-Pau, tranquilízate.

-Estoy tranquila, estoy muy tranquila, tranquilísima, vamos, más que nunca, estoy…

-Claro que si mi amor, claro que sí… -digo riéndome.

-Jo, que sí… -dice poniendo pucheritos.

-Sí, sí –digo abrazándola. De repente, empecé a hacerle cosquillas, y ella rió escandalosamente. Me encanta verla así.

-Para, para, Álvaro… jaja para… -intentaba escabullirse de mí, pero yo no la dejaba. La tumbe en la cama y me puse encima de ella. Seguía con las cosquillas. Paré y la miré fijamente a los ojos, esos ojos oscuros que me habían hechizado.

-Te quiero –dije.

-Pues yo a ti no.

-Ah, ¿no?

-Nope –comencé con las cosquillas de nuevo.

-¿Me quieres? –ella reía sin parar.

-¡No!

-¿Cómo que no?

-Es que no te quiero –paré y volví a mirarla a los ojos. –Te amo –sonreí. Era increíble. Me acerqué poco a poco y le besé, suavemente, saboreando sus labios. De pronto, se abrió la puerta.

-Ejem… la cena ya está lista –era mi madre. Me levanté rápidamente y mi madre salió de la habitación. Empecé a reírme.
-Genial, ahora me tendrá vigilada.
-Lo siento, ha sido mi culpa. Aunque… reconoce que ha sido muy gracioso.
-Sí vamos… -la cojo de la cintura y le doy un dulce beso.
 
-Anda, vamos a cenar.

sábado, 28 de diciembre de 2013

"My own dreams" Capítulo 24


Holii! Bueno, últimamente no es que esté muy inspirada, así que el capi puede que sea un poco soso, no sé, ya me diréis. Me gustaría que me dejaseis algún comentario, o me dijeseis si me leeis o no, porque las visitas suben, pero no sé realmente quién me lee, a quien le gusta, lo que pensáis... Animaros y escribidme diciéndome algo, dándome vuestra opinión... lo que queráis. Ah, puede que haga dos temporadas de la nove. Si esto fuera sí, esta está a punto de terminar, por lo que dentro de poco igual hago otro cuestionario para que respondáis :)
Otra cosi... estoy alucinando, o sea, que ya tengo más de 9000 visitas, y estoy como ljwlferipq no me lo creo, así que mil gracias!
Mucha gente me pedís salir en la historia... yo intento meter personajes, pero tienen que tener un sentido en el relato, así que no sé como lo puedo hacer...  no prometo nada, yo lo intento, pero no creo que pueda meter a todos, lo siento :3

Una última cosa, me gustaría que calificaseis este fanfict con una nota, del 1 al 10, como si de una asignatura se tratase. Así veo si os está gustando o no, y poner un numerito no cuenta nada;)

Bueno, nada más. Espero que os guste. Luv ya!

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Siempre he odiado las despedidas. No puedo con ellas, es algo que… no sé. Me deprimen. Es algo que no quiero que ocurra. Sin embargo, son inevitables. Ayer,  Álvaro, anoche Carlos tuvo que irse por temas familiares. Por lo menos está cerca de ellos, y puede ver a Marina más a menudo. Y hoy, yo. Ahí me encuentro, en la estación, con mi maleta, y las dos personas a las que más quiero llorando delante de mí por mi partida. La alegría que da llegar y la tristeza que sientes al tener que despedirte… Me parte el alma verlos así.

-Pero no lloréis cacho bobos. Esto no es un “adiós”, es un “hasta pronto”. A la siguiente os venís vosotros. Aunque tendríais que veniros a Madrid, que voy a estar estudiando ahí –Marina viene corriendo a abrazarme. Ahí es cuando me derrumbo, y echo a llorar yo también. Cierro los ojos y la abrazo fuerte, muy fuerte. Un abrazo infinito, de cariño.

-Te prometo que iré a Madrid a verte.

-Y yo a Murcia a veros en cuanto me den vacaciones.

-Te quiero muchísimo Martus.

-Y yo a ti capulla –nos separamos y miro a Blas. Intenta reprimir las lágrimas, pero no puede. Y juro que en ese momento me dieron ganas de romper el billete y quedarme con ellos. Voy corriendo y le abrazo, con tal efusividad que casi lo tiro al suelo. Me abraza fuerte, sin dejarme ir.

-Nos veremos muy pronto, ¿vale?

-No puedo estar sin ti Marta, te necesito.

-Y yo a ti, joder… Recuerda por favor que te amo, y que la distancia solo separa personas, pero no corazones. El mío te pertenece. Siempre va a ser así.

-¿Por qué eres tan perfecta?

-Aprendo del mejor –digo giñándole un ojo. Los dos esbozamos una sonrisilla, y volvemos a abrazarnos. Los echaré tanto de menos… Oigo el aviso de mi tren. Debo irme. Me separo despacio de él y le doy un dulce beso. Un beso con sabor a despedida. Tras susurrar un “te amo”, doy media vuelta y, cogiendo mi maleta, entro en el andén. No me giro. Sé que me partiría el alma. Y no quería irme con un mal sabor de boca. Me siento en mi asiento asignado y me pongo los cascos. Sonrío al recordar el viaje de ida. Esta vez, me he cogido yo unos cascos en Murcia. En este viaje, no tengo a nadie a mi lado. Mejor. Subo el volumen de mi música, y, sin darme cuenta, me quedo dormida en aquel vagón, sin ser consciente de que, cuando me despierte, estaré en mi casa, de nuevo.

 

*Narra Marina*

No tengo ganas de nada. Se ha ido ya. Ahora mi casa estará muy vacía sin ella, sin su risa, sin sus locuras. Y él también se había ido. Pf… Tras ver a Marta meterse en el vagón, me abrazo fuerte a Blas. Los dos lloramos, se le va a echas muchísimo de menos. Decidimos ir a dar una vuelta para despejarnos. Blas está demasiado apagado. Sé que la quiere mucho. Y es difícil separarse de la persona a la que quieres, lo sé por experiencia. Los dos estamos exactamente igual. Al menos, nos tenemos el uno al otro. Algo es más que nada.

-Va Blas, hay que animarse. A ella no le gustaría vernos tristes. Seguro que la vemos dentro de muy poquito.

-Eso quiero pensar… pero es que ya la echo de menos Marina…

-Yo estoy igual que tu Blas. Carlos tampoco está aquí. Y sé que es difícil, pero hay que estar bien, porque es lo que ellos querrían.

-Tienes razón, lo siento… es que…

-Eh, tranquilo –le abrazo, sé que lo necesita.

-¿Y si me voy yo también a Madrid?

-¿Qué? –esa pregunta me cogió un poco desprevenida.

-Sí. No tengo nada que perder, excepto dinero… -suelta una especie de risilla.

-Pero… tienes a tu familia aquí… a amigos…

-Allí también tengo amigos. Recuerda que de pequeño estuve en algún concurso televisivo. Puede ser una oportunidad también para mí. Para luchar por mí sueño. Y podría venir aquí de vez en cuando.

-¿Y me dejas a mí aquí?

-Vente tú también. Piénsalo, sería todo mejor. Todo ventajas. Bueno, todo no, pero… ¿Por qué no?

-Es una locura Blas… ¿Estás seguro?

-No. Pero siempre es bueno cometer locuras de vez en cuando. Habría que ver pisos a buen precio, y podríamos compartirlo hasta nuevo aviso. Así sería más fácil. ¿Qué me dices?

-Que me has convencido, y esto no es nada bueno –se ríe y me abraza. Es algo precipitado, pero tiene razón. ¿Por qué no? Todo sería más fácil. Y allí hay más universidades, y mejores para estudiar magisterio. Más oportunidades. Y estaríamos cerca de Martus. Blas está loco, pero sabe lo que hace.

-Vale, esta tarde quedamos y miramos todo. Tú díselo a tus padres, yo se lo diré a los míos.

-Vale, hasta luego.

 

*Narra Marta*

Zaragoza. Abro los ojos lentamente y contemplo el paisaje, que pronto tapan los muros de la estación. Ya he llegado. Bajo del tren y ahí están mis padres, que me abrazan fuertemente. Las típicas preguntas de “Qué tal el viaje” o “Cómo lo has pasado” no faltan. Vamos a casa. Y la sorpresa que me lleve fue grande: ahí estaban mis amigas, las locas estas. Estaban todas: Gloria, Angy, Vero, Andrea, Aurora… Pronto me veo envuelta en abrazos y besos. Decidimos ir a dar una vuelta, así les contaba todo con más tranquilidad.

-Venga va, cuenta todo –dice Angy muy emocionada.

-Pues a ver… Estoy con Blas –todas se ponen como locas. Ah, no, que ya lo son. Yo con novio… quién lo iba a decir…

-¿Pero ha habido tema? –dice Vero. Me sonrojo rápidamente. Me da mucha vergüenza hablar de eso…

-Pues… sí… -su reacción es muy graciosa.

-Bueno, que ya se me hace mayor, madre –me dice Andrea cogiéndome de los mofletes cual niña pequeña.

-Eh, pero que hay más cosas que contar… ¿me dejáis?

-Claro, va, ya tardas –Aurora, tan impaciente. Si no, no sería ella. Les cuento todo lo que me había pasado en el viaje, desde cómo conocí a Carlos, pasando por los momentos con Marina, con Blas, los encuentros con Álvaro, la despedida…

-G U A U –Gloria es la única que dice algo. Supongo que se habrán quedado sin palabras.

-Muy fuerte… -Vero es la segunda en hablar. Y luego empiezan a hablar todas a la vez, y no me aclaro, por lo que me entra un ataque de risa así en medio de la calle… Pasamos la tarde juntas, y poco a poco se fueron yendo, despidiéndose de mí y de Gloria. A saber cuando las volvería a ver. Las echaré de menos. Volví a casa tranquilamente. La cena fue tranquila, les conté que tal el viaje sin dar muchos detalles, y evitando decir que estoy con Blas… Me fui pronto a la cama. Y pensar que mañana me iba a Madrid… Que por cierto, no tenía ni idea de lo que tenía que hacer, que llevar… Me levanto de nuevo y voy al salón. Están mis padres viendo la tele, me siento con ellos.

-¿Tú no tienes que descansar?

-Sí, pero no sé qué hacer mañana, que llevarme…

-Es verdad, no te hemos dado la carta –dice mi madre levantándose y sacando de uno de los cajones de la mesita central una carta. –Toma, léela, aquí tienes toda la información.

Leo la carta con atención. Me da la información de las clases, dónde está la universidad, dónde me voy a alojar, lo que tengo que llevar… la verdad es que es una gran beca. Al principio, me alojo en un local de pisos donde cobijan a todos los estudiantes que tienen una beca, y dice que, pasados un par de meses, puedes comprarte tú un piso. Suena genial. La verdad es que no me va a faltar de nada, y en las primeras semanas, tenemos a un monitor guía para llevarnos del edificio a la uni, y para enseñarnos un poco la ciudad. Tras leerlo, les doy las buenas noches a mis padres y les mando un mensaje a Blas y a Marina. Y, ahora sí, me quedo dormida.

[…]

Unos gritos me despiertan. Suena música, no distingo cual. Tengo mucho sueño. Noto que me zarandean, y abro los ojos poco a poco. Me encuentro a Gloria encima de mí. Me incorporo cómo puedo.

-Venga, levanta ya bella durmiente, ¡que nos vamos a Madrid!

-Nos vamos por la tarde, relájate…

-Error, el tren sale a las cuatro, así que venga, prepárate.

-¡¿Qué?!

-Eso, venga, yo te ayudo –me levanto rápidamente y saco un par de maletas. Comienzo a meter ropa de todo tipo: pantalones largos, shorts, camisetas de manga corta, de tirantes, blusas, chaquetas, algún vestido… Y los zapatos. Que más que zapatos son zapatillas, no me gustan los tacones, aunque me meto un par por si acaso. Ropa interior, el neceser… todo listo. Me doy una ducha rápida y me visto con esto  http://www.polyvore.com/go_to_madrid/set?id=108424158 . Me miro al espejo y suspiro. Pienso en todo lo que me ha pasado en tan poco tiempo. Es increíble la de giros que puede dar la vida. En fin… Bajo a comer con mis padres y con Gloria. Parece que esta chica no tiene casa… menos mal que es una de mis mejores amigas, pero vamos, es pa’ darle. Terminamos de comer y Glo, se va a por sus maletas, hemos quedado a las tres y media en la estación.

-Bueno… ya sabéis que no me gustan las despedidas, así que intentemos hacerlo rápido –les digo agachando la cabeza.

-Ais… quién nos iba a decir que acabarías en Madrid estudiando lo que siempre has querido…

-Ya ves mamá… bueno, ¿vamos a la estación?

-Vamos.

[…]

-Te echaremos de menos hija.

-Y yo a vosotros, jo –digo abrazándolos fuertemente. –Vendré a visitaros en cuanto pueda.

-Tú tranquila… disfruta, aprende, y mantennos informados –me dice mi madre.

-Lo haré. Os quiero –y, tras darles un último abrazo, Gloria y yo entramos al vagón con destino a otra ciudad. Un viaje que nos cambiaría la vida, en varios sentidos. Pero eso, nosotras, aún no lo sabíamos.

jueves, 26 de diciembre de 2013

"My own dreams" Capítulo 23


*Narra Álvaro*

Un día triste. Nubarrones grisáceos tapaban el cielo de Murcia anunciando una posible tormenta. Abro los ojos y ahí está ella, abrazada a mí. La despierto con cuidado, nos vestimos y bajamos a desayunar.

[…]

-¿Estás seguro?

-Completamente.

-Álvaro, te estás jugando mucho…

-Lo sé, no he pegado ojo en toda la noche.

-No creo que acceda.

-Entonces me iré yo.

-¿Qué? No puedes hacer eso.

-Claro que puedo. Ahora ella es todo lo que quiero. Y si no puede venir con nosotros, me iré yo con ella.

[…]

-Imposible. Lo siento, pero la plantilla está completa.

-Está bien. Entonces me voy. Lo siento Eduardo.

-¿Estás seguro?

-Ahora no tengo nada en claro. Solo hago lo que me dice el corazón –suspira y saca de su bolsillo un papel.

-Está bien. Firma aquí y podrás marcharte. Ten claro que si alguna vez necesitas algo, aquí tendrás siempre tu sitio. Sé que llegarás lejos Álvaro.

[…]

-¿Cómo que te vas?

-Es lo que siento Paula. Quiero estar contigo.

-Te quiero.

-Te amo.

 

*Narra Marta*

Un dulce olor a chocolate entra en la habitación. Siento pequeños besos que me recorren el cuerpo. Abro los ojos y me lo encuentro ahí, encima de mí, con su torso desnudo, y unos pantalones cortos de chándal.

-Buenos días princesa.

-Buenos días princeso –lo cojo del cuello y le beso con pasión, él me sigue. Comienza a besar mi cara hasta llegar al cuello, y va dejando un rastro de besos. Empieza a hacerme cosquillas, y yo me empiezo a revolver en la cama, riendo exageradamente. Le intento hacer yo también cosquillas, y suelta alguna carcajada, pero no puedo  liberarme de él, sigue encima de mí. Le grito que pare, pero Blas sigue. No puedo parar de reírme. De pronto, se abre la puerta.

-Joder, ya os vale, que hay gente que quiere dormir –se vuelve a cerrar la puerta. Era Marina. Soltamos los dos una carcajada y él se tira en la cama, sin parar de reír.

-Esto ha sido muy surrealista…

-Para nada… -seguimos riendo. Pero ahora que caigo…

-Blas… ¿Qué hace Marina aquí?

-Pues no lo sé…

-Yo creo saber qué hacia anoche aquí… Carlos… -volvemos a reír. Más despertares así por favor.

-Bueno, vamos a desayunar anda, que el chocolate debe estar ya frío.

-Mm… chocolate… ¡cómo te quiero madre!

-Ya, ya…

-Lo sabes perfectamente.

-Anda, vístete, te espero en la cocina.

-No me eches de menos –le digo giñándole el ojo y levantándome de la cama. Blas se queda apoyado en el marco de la puerta, mientras yo cojo mi ropa interior. Lo miro. Se muerde el labio. –Pero bueno, ¿tú no ibas a la cocina?

-Pensándolo bien… -se acerca a mí y me coge de la cintura –igual me quedo un rato más aquí…

-Pues yo no, que quiero chocolate –me separo de él y cojo una camiseta suya. Me va un poco larga, así que perfecto.

-Ah, muy bonito, quieres más al chocolate que a mi –dice poniendo pucheritos.

-Claramente, ¿lo dudabas? –pone cara de sorprendido. Yo río al instante y le doy un beso. –Jamás querría a algo o alguien más que a ti bobo. Anda, vamos a desayunar que tengo hambre –y, tras decir esto, salgo de la habitación, seguida por él.

-Buenos días parejita.

-¡CARLOS, MUERE!

-¿Por?

-ES MI CHOCOLATE.

-¡NOO! ¡ES MIIIOOO!

-Rubio de bote, más te vale que corras, porque vas a morir –tras decir esto, salgo detrás de él.

-¡Te dije que no lo cogieras Charlie! –dice Marina.

-¡SOCOOORROO! ¡ME QUIERE MATAAAR!

-¡ESO TE PASA POR COGER LO QUE NO DEBES! ¡EL CHOCOLATE ES MIO! –lo cogí desprevenido y le quité la caja de las manos.

-Jo.

-Ahora te quedas si él, por malo.

-Alaa… poh shoro –dice cruzándose de brazos y poniendo una cara rara que me provoca risa. Nos sentamos los cuatro en la mesa y desayunamos tranquilamente, entre risas.

-Bueno Martus, tendremos que irnos a casa, mis padres nos van a matar…

-¿Nos?

-Sip, porque por tu culpa no pude ir a casa, porque no era plan de aparecer allí sola y tú a la mañana siguiente,  tendríamos que dar muchas explicaciones, por lo que decidí venirme aquí y así no queda tan evidente.

-Claro… Y no aprovechaste ni nada… -le digo saliendo de la cocina tras poner una sonrisa pícara.

-So guarra –oí gritar a Marina. Me puse el vestido y miré los mensajes del móvil. Tenía el wa petado por mis amigas, pero había una conversación de Álvaro que me llamó la atención. Ponía que en cuanto pudiese le llamase. ¿Qué pasaría? Ahora lo iba a descubrir. Al tercer bip, contestó.

-Buenos días dormilona.

-A callar, que estaba desayunando con unos amigos. ¿Qué pasa?

-Que nos vamos dentro de un par de horas.

-¿Qué? ¿A dónde? ¿Quiénes?

-Paula y yo, a Madrid, a mi casa. He dejado los Miserables.

-Pero… ¿Por qué?

-Es largo… Solo quería que lo supieras.

-Pues… gracias… Espera, ¿dónde estás ahora?

-En la estación, acabamos de coger los billetes.

-Pues espérame allí que voy a despediros, y así conozco a tu Paula.

-Vale, bien, hasta ahora.

-Besis!

Cuelgo. Rápidamente llamo a Marina y nos vamos de casa de Blas, luego por la tarde nos veríamos.

-¿Cómo se va hacia la estación?

-¿Y a qué fin quieres ir tú a la estación?

-A despedir a un amigo. Llévame por favor.

-Está aquí al lado. Vamos.

Llegamos en cinco minutos. Eso sí, las dos íbamos como anoche, y llamábamos bastante la atención… pero da igual, somos así de guays y esas cosas. En seguida veo a Álvaro y voy corriendo a darle un abrazo. Es curioso, pero le he cogido muchísimo cariño.

-Hola feo. ¿Cómo que te vas?

-Era o Paula o los Miserables, y…

-Ois, que bonico acho.

-Esta es Paula –me dice señalando a una chica rubita, de ojos muy oscuros, que estaba a su lado.

-Hola, yo soy Marta, encantada –le digo dándole dos besos.

-Igualmente.

-Bueno, está de aquí es Marina, mi mejor amiga.

-Hola, encantada –dice dándole dos besos a cada uno.

-Ya veo que venís de empalmada…

-Nah, en realidad hemos dormido en casa de Blas.

-Que bien os lo montáis…

-Sí, ¿verdad? –reímos.

-Bueno chicos, nos vamos a ir ya, los padres de esta deben estar preocupados.

-Bueno… pues adiós –dice Álvaro dándome un abrazo.

-¿Nos volveremos a ver?

-Claro que sí.

-Genial –digo sonriendo y separándome de él. –Buen viaje parejita.

-¡Adiós!

Tras despedirnos de ellos, fuimos a casa de Marina. La verdad es que no fue tan malo como pensábamos, y esta hizo bien viniendo a casa de Blas, gracias a ello nos hemos ahorrado muchas explicaciones. Pasamos el día tranquilo, haciendo el vago y jugando a la wii, tampoco teníamos ganas de mucho más. Y yo mañana ya me iba…

lunes, 23 de diciembre de 2013

Suspiros.

Holi! Esto no tiene nada que ver con la novela, pero... buscaba desahogarme. Y yo escribo para desahogarme. Me he puesto los cascos a tope y... ha salido esto. No os pido que lo leáis, pero son cosas que escribo porque me salen solas. Escribir y emocionarse a la vez no es algo que haga normalmente, y hoy me ha salido. Ya lo siento si estáis leyendo la novela y de repente os sale este texto que no viene a cuento, pero es que necesitaba hacerlo, compartirlo, expresarme. Sé que la mayoría pasaréis de mí, es normal, los textos así no suelen gustar, pero... bueno... ahí está. Lo siento si os hago perder tiempo.
 
Si lo leéis, os pediría por favor que escuchaseis esta canción MIENTRAS lo hacéis. Gracias.
 
 

Silencio. Solo se escuchan las olas del mar rompiendo en la orilla. Se quita las sandalias y las coge con una mano. Una dulce brisa le acaricia su largo pelo castaño, revolviéndoselo, como si de un niño pequeño se tratase. Comienza a caminar. La arena está fría, y todo está oscuro. Solo le permite ver la luz de aquel cielo estrellado, con la luna presidiéndolo en el horizonte, más allá del límite del mar. Se acerca hasta la orilla. La arena húmeda mancha sus pies. Una ola los envuelve.  Cierra los ojos y respira aquella brisa marina. Le relaja el sonido de las olas, aquel viento que ondea su largo vestido blanco y que le hace despejar sus ideas. Sonríe. En realidad, no es de felicidad. Una lágrima recorre su mejilla, y rápidamente se la aparta con la mano. Camina bordeando la orilla de aquella playa. No sabe hacia dónde va, tampoco le interesa. Solamente quiere perderse. Recuerdos le vienen a la mente. Recuerdos bonitos, alegres, de amor, de risas… tristes, de llantos, enfados, miedos… Todo tipo de recuerdos. Llega a una especie de acantilado. Ve como las olas chocan con más fuerza contra muros de rocas que parecen indestructibles. Suspira y se sienta en la orilla. Contempla aquel paisaje. Es precioso. Naturaleza en estado puro, sin contaminación, sin ruidos, sin gente. Se queda allí un rato. Ya ha perdido la noción del tiempo. Aunque, sinceramente, le da igual, no cree que nadie se preocupe por ella, que nadie la esté echando de menos. Necesitaba salir de la realidad. De un mundo absurdo, cobarde, sin libertad. Donde todo lo que hagas, es criticado. Donde todo es insulso, nada tiene sentido si no lo haces por dinero. Ahora, todo lo que haces tiene que ser para complacer a los demás. Pero ella ya se ha hartado. ¿De qué sirve la vida si tú no consigues ser feliz? No puedes manejar tu propia vida. Eres presa de un mundo donde, si no haces lo que debes, no eres nadie. Y, cuando te das cuenta de ello, solo puedes callar. Gritar en silencio, para que nadie te oiga. Para no salir perjudicada. Porque no tienes libertad. Llorar a escondidas, porque no ves otra forma de desahogarte. Vivir en un mundo en el que ser diferente es lo más difícil. Todos te miran mal, como si de un bicho raro se tratara. Pero en realidad, eres tú. Defendiendo tus ideas, tus pensamientos, tus creencias, tus miedos. Algo que muy poca gente se atreve a hacer. Y cuando lo haces, todos bajan la cabeza. Nadie se atreve a decir nada. ¿O es que no hay nada que decir? No lo sabe. La sociedad ha hecho que ella crea que no es normal, que jamás conseguirá serlo. Pero entonces, abre los ojos. Se encuentra allí, y contempla lo que la naturaleza ha creado. Aquel lugar que nadie conoce, escondido tras el ruido de la gran ciudad. El que ahora, va a ser su lugar, su rincón. Suspira. Su mirada se pierde en el horizonte. La brisa se va calmando poco a poco. Escucha a algún pájaro cantar. Vuelve a cerrar los ojos y, tras un último suspiro, se levanta, y comienza a andar por el mismo lugar del que había venido. La calma le recorre, como un río que fluye dentro de ti. Los primeros rayos de sol se filtran desde el límite del mar. El amanecer de un nuevo día. ¿Quién sabe cómo será? Sólo es cuestión de averiguarlo, siguiendo tu camino. Porque serás lo que decidas ser.

domingo, 22 de diciembre de 2013

"My own dreams" Capítulo 22

Bueeeeno pues gentecilla, aquí teneis el capítulo 22 por fin! Sé que he tardado mucho, ya lo siento, pero entre que he estado d exámenes y que esta semana los he visto! Pf, ha sido increíble en serio... si teneis la oportunidad de ir al UWGT, id, ni os lo penséis, merece muchísimo la pena.
Bueno, espero que comentéis que os parece, que difundáis la novela, y que esto poco a poco valla creciendo, que de verdad, muchísimas gracias a todos los que me leéis.
OOOS QUIEEROO!

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-¿Dónde estabas?

-En un sitio… -río. –Estaba fuera, me dolía la cabeza chiqui.

-¿Pero ya estás mejor?

-Completamente.

-Te echaba de menos…

-No seas tan cuco.

-¿Por?

-Porque yo me vuelvo floja y acabas saliéndote con la tuya.

-Ah… se siente… -río y le doy un beso.

-Esta vez no lo vas a conseguir…

-¿Quién dice eso?

-Yo. Recuerda que hay algo que tengo que terminar…

-No me lo recuerdes porque ya sé dónde está el baño…

-Ah, si necesitas ir ve, por mi no te cortes.

-Sabes a lo que me refiero… -me dijo al oído. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Él lo notó, y soltó una carcajada.

-Serás…

-¿Irresistible?

-Capullo –puso cara rara, y la que soltó la carcajada fui yo.

Pasamos la noche riendo, bailando y bebiendo, pero con control. Busqué a Marina pero no la encontré. Cada vez el deseo me podía más, así que le mandé un wa y Blas y yo nos fuimos de allí. Me agarró de la cintura y yo apoyé mi cabeza en su hombro, dándole pequeños besos en el cuello y la mejilla. Llegamos a su casa y fuimos directos a su habitación. Me puse encima de él, quería tomar el control. Y pasó. Tras aquello, nos quedamos dormidos abrazados, queriéndonos. Siendo lo que siempre habíamos querido ser.

 

*Narra Marina*

Nos sentamos en uno de los sofás más apartados. Carlos con dos copas de más era la leche, creo que no me he reído más en mi vida… Cada vez los dos estábamos más cariñosos, y una cosa llevó a la otra, y fuimos al baño, y… bueno, ya os imaginais.

Después de aquello fuimos donde se suponía que estaban los demás, aunque ya se habían marchado la mayoría. Vi el wa que me había mandado Marta… todos sabemos lo que pasaría. Aunque ahora que lo pienso… no puedo volver a casa sola, y Carlos no puede venir a mi casa, tendría que dar muchas explicaciones… Solo queda una opción: ir a casa de Blas. La verdad es que lo de ir y encontrármelos ahí pues como que no me agradaba mucho… Decidí quedarme un poco más, para asegurarme de que no vería ni oiría nada que no debiera. Pusieron un karaoke, eran las 5 o así de la mañana, y Carlos, que iba ya fino, se animó. Sé que si no, no lo haría. Y me dejó impresionada. Cantaba tan bien… Tras ello ya decidimos irnos. Íbamos riéndonos por cualquier chorrada, era genial. Llegamos y estaba todo en silencio, menos mal. Nos tiramos literalmente en la cama, y nos quedamos dormidos al instante.

 

*Narra Álvaro*

Decidimos irnos a descansar ya. La verdad es que estaba muy feliz, pero triste a la vez. Sabía que esta era mi última noche aquí, y que me separaría de ella por un largo tiempo… y esa idea me comía por dentro. Decidí aprovecharla a tope. Nos separamos de mis compañeros, y ella me llevó a un local de… ¿baile?

-Nena, yo no sé bailar, si quieres yo te veo desde aquí, seguro que lo haces genial…

-No, no, tu sales conmigo, así te enseño –me dice mientras me giña el ojo. Entramos de la mano. Estaba un poco acojonado la verdad, lo de bailar nunca se me había dado bien y no quería hacer el ridículo, y menos delante de ella. Vi como se soltaba de mi para hablar con una chica alta, morena, con la que se fue un momento. Luego vino y me llevó hacia donde se había ido antes con esta chica. Entonces vi el local. Era bastante grande, de dos pisos, en el centro una gran pista de baile que estaba bastante llena, y rodeándola, mesas, llenas de gente charlando o tomando algo. Me sentí intimidado por aquel sitio.

-Aquí es donde suelo venir para olvidarme de mis problemas. El baile es mi pasión, y bueno, ya tanto tiempo viniendo aquí, te acaban conociendo –me dice Paula con una sonrisa.

-Esto… no tenía ni idea… Pero no sé bailar Paula…

-Sh, pues habrá que aprender –nada más decir esto me cogió de la mano y me arrastró a la pista  de baile. Sonaba esta canción https://www.youtube.com/watch?v=kMNPv_HXffQ . –No te pongas nervioso, tu solo déjate llevar, ¿vale? Yo te llevo.

-Bueno… -me cogió de la mano y comenzó a moverse siguiendo el ritmo. Yo intentaba seguirla, pero no llegaba. Se movía realmente bien.

-Álvaro, relájate. Cierra los ojos y sígueme, sé que tu puedes –me dijo acariciándome la mejilla. Hice lo que me dijo y comencé a moverme al ritmo, siguiendo sus pasos. Vi como sonreía al haber cumplido su objetivo. Acabó la canción y fuimos a sentarnos a una de las mesas. Estaba bastante cansado, esto de bailar es agotador…

-Ves, sabía que podías hacerlo.

-Sí, bueno…

-Pues no bailas tan mal, que lo sepas.

-Cierto, bailo peor… -ella rió.

-Bobo que es –me dio un beso. –Voy a por algo de beber, ¿quieres algo?

-Mm… lo que tú te cojas.

-Está bien, ahora vuelvo –me giño el ojo y, tras sonreírme, se fue.

Tardaba demasiado, ya habían pasado quince minutos desde que se había ido, no era normal que tardase tanto en ir a por unas bebidas. Fui a la barra y pregunté si la habían visto, pero nadie sabía nada. Empecé a preocuparme. ¿Y si le ha pasado algo? Joder… la llamé pero no contestaba. Me recorrí el local de arriba abajo, pero no había rastro de ella. Tenía un mal presentimiento… y no me gustaba nada. Fui corriendo a la zona de los baños, donde parecía que no había nadie… hasta que oí un grito. Un grito desgarrador, de socorro… y era de ella.

 

*Narra Paula*

Fui a por algo de beber. Era la mujer más feliz del mundo, estaba con el chico que había conseguido enamorarme en muy poco tiempo. Estaba a puto de llegar a la barra cuando noté a alguien que me tapaba la boca y me llevaba a la zona de los baños, que era la zona donde no había nadie. Me encerró allí, y pude ver su cara. Era él…

-¿Me echabas de menos muñeca?

-Hijo de puta, déjame.

-Ni lo sueñes. ¿Por qué escapaste?

-Porque te odio, suéltame ya por favor –rió mientras me acorralaba.

-No preciosa… eres mía… y siempre lo serás.

-¡Que ya no te quiero joder! –me cogió fuertemente de las muñecas, impidiendo que me moviera. El miedo me recorría el cuerpo.

-Vas a gozar como siempre esta noche…

-No… -noté una lágrima caer por mi mejilla.

-Oh sí… claro que sí… jamás debiste escaparte. Ahora, atente a las consecuencias –solté un chillido, lo más alto que pude. El me mordió el labio, haciéndome una herida, de la que empezó a salir sangre.

-Cállate niñata. Si abres la boca que sea para gemirme.

-¡PAULA! –escuché. Era él. Mi salvador, de nuevo. Había llegado. Pero él siguió con lo que quería.

 

*Narra Álvaro*

Intenté abrir la puerta, pero estaba cerrada. No tenía tiempo, así que recurrí al método animal: tirar la puerta abajo. No me costó tanto como me imaginaba, ya que era vieja y no tenía tanta resistencia. Y la vi, allí, acorralada por un chico que estaba a punto de violarla. Me tiré encima de él.

-Hijo de puta, suéltala.

-¿Será si yo quiero, no? –me pego un puñetazo en el ojo, el cual le devolví.

-He dicho que la sueltes ya gilipollas. No quiere nada de ti.

-Pero yo de ella sí. ¿Te crees que te voy a hacer caso a ti, mierdas?

-¡PAULA, CORRE FUERA! –le di un patada en sus partes, y este me dio un puñetazo en la mejilla, se nota que está acostumbrado a pelearse. Le di un puñetazo en la tráquea, haciendo que se golpease también la cabeza y  cayera al suelo casi inconsciente. Tras, ello, salí corriendo de allí buscando a Paula. La encontré fuera, tal y como le dije. Nada más verme, vino a abrazarme. Un abrazo de alivio, de que estábamos bien. Ella lloraba, me partía el corazón verla así.

-Tranquila princesa, ya estás a salvo. Tranquila –le decía mientras le acariciaba el pelo. Vi que su labio seguía sangrando. Cogí un clínex y se lo limpié con cuidado.

-Alv, tienes una brecha en la ceja…

-No te preocupes, yo estoy bien.

-No, te sangra mucho, ¿qué te ha hecho ese animal?

-Se ve que sabe pelearse…

-Pero… ¿dónde está ahora?

-Inconsciente en el baño –me miró sorprendida. –Tranquila, no lo he matado, pero yo también se defenderme –volvió a abrazarme. –Vamos a comisaría. Me da igual lo que digas, casi te viola, y nos ha dañado a los dos. No vas a convencerme de no ir.

-Vale, está bien. Vamos. Pero antes, déjame limpiarte eso, tiene muy mala pinta –cogió el clínex de mis manos y me limpió la sangre que llevaba en la cara. –Y luego vamos al hospital a que te miren eso, digas lo que digas.

-Copiota… -sonreímos los dos y fuimos de la mano a la comisaría. Gracias a Paula fue más fácil, ya que ella tenía todos los datos necesarios. Salimos de allí y fuimos a urgencias. A estas horas de la madrugada no había mucha gente, y menos mal. Empezaba a marearme. Tuvieron que coserme, al parecer, la brecha era algo profunda, y había perdido sangre, pero tampoco nada que no se pudiera solucionar con medicamentos y reposo. El labio de Paula estaba bien, solo le pusieron un parche para que no volviera a sangrar. Tras aquello, fuimos por fin al hotel.

-Estoy derrotado –dije tirándome en la cama.

-Normal… yo también.

-Pero no quiero dormirme. Porque dormirme significaría acabar este día, y yo mañana me voy… Y no quiero irme sin ti.

-No pienses en eso ahora. Ya nos apañaremos mañana y lo hablamos tranquilamente, ¿vale? Ahora duerme –me dijo acariciándome el pelo dulcemente.

-Está bien. Pero hazme un favor.

-Dime.

-Duerme conmigo esta noche.
-Claro –me dijo. Y tras ponerse una camiseta mía, y yo unos pantalones de chándal, nos quedamos dormidos, abrazados. Ya no me podía hacer a la idea de estar sin ella.

jueves, 12 de diciembre de 2013

"My own dreams" Capítulo 21


*Narra Álvaro*

Subí de desayunar con mi compañero de habitación. Le había contado todo y me había dicho que se iría a otra habitación, ya que sobraba una cama; yo se lo agradecí inmensamente. Entramos y allí estaba Paula, dormida en mi cama. Ayudé a este a recoger sus cosas con cuidado de no despertarla y se fue, diciéndome que después de comer tocaba ensayo. Suspiré y me acerqué a ella. Le quité con cuidado un mechón de pelo que le tapaba la cara. Era muy bonita. Y muy valiente. Aún no sé cómo pudo aguantar tantos años siendo amenazada y acosada. Suspiro de nuevo. Me dispongo a irme, pero me coge de la mano impidiéndomelo.

-No te vayas. Me hace bien tenerte cerca –aún tenía los ojos cerrados.

-Tranquila, no me voy a ninguna parte –le dije volviendo a acariciar su pelo.

-Gracias –sonrió y abrió los ojos. Hasta ahora no me había fijado en ellos. Eran oscuros, muy oscuros, en los que te perdías, parecía que te hipnotizaban. –Mejor voy a darme una ducha, ahora que puedo hacerlo en buenas condiciones…

-Claro. Por cierto, mi compañero se ha mudado a otra habitación, para que estuvieses más cómoda –noté como sonreía antes de entrar al baño y cerrar la puerta tras de sí. –Las toallas están en el armario de la izquierda –grité.

Cogí el guión de la obra y lo repasé, no quería hacerlo mal, mañana era nuestra última función aquí y luego seguiríamos… Pero yo no quería irme. Pf… oí la puerta del baño y salió Paula, con una toalla liada a su cuerpo nada más, y el pelo mojado, cayéndole por la espalda. La miré y, tras sonreírme, se quitó la toalla. Yo rápidamente me giré.

-Vamos a ver, Paula, ¿no sería mejor que hicieras eso en el baño? Cada uno con su intimidad, ¿recuerdas?

-Si no quieres mirar, no mires –se hizo el silencio. –Aunque en el fondo, lo estás deseando –me dijo al oído. No quería girarme, sabía que seguía como Dios la trajo al mundo, y no. Pero… su susurro aún recorría mi cuerpo. Cerré los ojos y me controlé.

-A ver, joder, que no Paula, vístete ya por favor.

-Ya estoy vestida… -Me giré, estaba en ropa interior. Rápidamente me volví a girar, ella rió.

-Hablo en serio, va.

-Ais, como si hubieses visto a un fantasma… Que ya sé que no soy una preciosidad, pero…

-Eres muy guapa, pero no quiero nada contigo que vaya más allá de la amistad, entiéndeme –ella vino y se puso delante de mí.

-Pues yo sí –sus ojos se clavaron en los míos.

-Vamos a comer, nos están esperando.

[…]

Terminamos el ensayo. No había dado pie con bola. Pero es que no sé… no estoy. Dijeron de ir de fiesta esta noche, y no me negué, me vendría bien. Llegué al hotel, me di una ducha rápida y me vestí. Le dije a Paula que se arreglara un poco que nos íbamos por ahí, y si llego a saber que podía llegar a vestirse así… no digo nada. Iba preciosa, ese toque de niña buena que le daba aquel vestido… http://www.polyvore.com/cgi/set?id=106807419&.locale=es

Cenamos y fuimos al sitio que teníamos más cerca. Había buena música, y no era muy grande. Nos sentamos en uno de los sofás y pedimos. Paula y yo no hablábamos mucho. Me fije en la gente que estaba bailado y… la vi. Acababa de salir a bailar con la misma chica de la estación. Lo hacían muy bien, bailaban muy juntas, provocando a todo el que las estuviera viendo, me incluyo. Sonreí inconscientemente. Hasta que…

 

*Narra Marina*

Martus nos pidió a Carlos y a mí que nos fuéramos adelantando. Tenía “miedo”, era una situación rara. Comenzamos a andar. Tenía que decirle muchas cosas. Lo paré, cogiéndolo de la mano y apoyándolo en una pared.

-Vale, a ver, no hagas preguntas. A mí esto de decir lo que siento nunca se me ha dado muy bien, porque lo he pasado muy mal y no quiero volver a sufrir, pero eso no significas que tú seas así, o sea, que puedes serlo pero yo creo que no, porque eres super cookie y adorable, y claro, pues yo… -suspiro y agacho la cabeza. ¿Por qué tiene que ser tan difícil? Levanto la cabeza y le miro. Su mirada, intrigada, se clava en mi, produciéndome un escalofrío. –Pues eso… que… Joder, que yo también te quiero. Que Marta tiene razón, desde que te fuiste no he vuelto a ser la misma, me faltaba algo… me faltas tú –Carlos cogió mi cara suavemente y me beso. Un beso dulce, con ganas, de los dos.

-Te quiero –dijo a milímetros de mi boca, y lo volví a besar.

Fuimos al restaurante de la mano, cual pareja, haciendo bromas y riéndonos por todo. Una vez allí saludé a todos mis amigos, ellos me felicitaban, me tiraban de las orejas, cosa que detesto profundamente… Yo presenté a Carlos como un amigo, aún no era oficial lo nuestro. Lo mire e hizo un gesto de aprobación, diciendo que había hecho bien. Menos mal… Marta y Blas llegaron, por fin, a saber qué habría pasado. Cenamos tranquilamente, me sentía feliz, tenía a toda la gente a la que quería a mi lado, y me gustaba, me hacían sentir importante.

Tras la cena, fuimos a una discoteca. No era muy grande, pero casi que mejor. Marta me sacó a bailar.

-Me tienes que contar por qué habéis tardado tanto –le digo.

-Ya te contaré, no es muy bueno… ¿Y tú con el rubio? –Esbocé una sonrisilla, me salió sola. –Aquí hay amor… -las dos reímos.

-No sé tú, pero yo quiero provocarles –dije mirándolos disimuladamente. Blas y Carlos estaban hablando mientras nos miraban. Reía para mis adentros. Marta me giño el gesto en señal de aprobación y comenzamos a bailar muy pegadas, sensualmente. Las caras de ambos dos eran un poema. Blas no nos quitaba el ojo de encima, mientras se mordía el labio, y Carlos estaba inquieto, tocándose el pelo una y otra vez. Estábamos cumpliendo nuestro objetivo. Vi como cuchicheaban los dos mientras nos miraban, y se acercaban a nosotras.

-Objetivo completado –me dijo, yo reí. Noté unas manos que me rodeaban la cintura y unos besos en el cuello que erizaron mi piel. Me giré lentamente y ahí estaba él. Me dio un apasionado beso, que yo seguí. Esta faceta del rubio no la sabía yo… Pero me gustaba, y es lo que quería.

 

*Narra Marta*

Sabía que no tardarían en venir. Se lo dije a Marina, y ella rió por mi comentario. Blas me cogió y me giró hacia él, em… devorándome la boca, sí. Le seguí el beso un momento, pero luego paré. Le cogí del cuello suavemente, acariciándolo, y me acerqué lo más que pude a él. Comencé a moverme al ritmo de la música, lentamente, rozando su cuerpo con el mío. Blas me cogió del culo y buscó mi boca. Me acerqué a la suya y rocé sus labios, sin besarlo. Le di un pequeño mordisco en el cuello y aparté mi cabeza, soltando una risita al ver la reacción de Blas.

-Estás siendo muy mala…

-¿Ah sí? –dije mientras bajaba mis manos por su pecho y jugando con el botón superior de su camisa.

-Demasiado –solté otra risilla. -¿Y sabes lo que les pasa a las niñas malas?

-Sorpréndeme.

-A las niñas malas se les castiga… Y tu castigo va a ser muy malo… -dijo dándome besos en el cuello.

-Mm… Igual es la niña la que castiga hoy… -dije giñándole el ojo y separándome de él, yendo hacia donde había menos gente.

-Las cosas no se dejan sin terminar pequeña –me dijo al oído. Me mordí el labio y me giré hacia él.

-¿Y quién ha dicho que lo haya acabado? –le desabroché el primer botón de su camisa y eché mi pelo hacia un lado. Sé que no aguantaría mucho más. Y no estaba equivocada. Me empotró contra la pared y me besó con mucha pasión. Pero… este no era el lugar. –No, no, no, señorito, aquí no… Controla tus deseos, queda mucha noche por delante… -le di un beso y me escabullí como pude. Empezó a dolerme la cabeza, y salí fuera para que me diese el aire.

-¿Estás bien con él, no?

Esa voz… me giré y ahí estaba, apoyando en la pared.

-Sí, estoy muy bien con Blas. No te había visto…

-Normal… -agachó la cabeza. –Esto… lo siento Marta.

-¿Por?

-Por el beso que te di, fue un impulso, no sé…

-Tranquilo, está olvidado.

 

*Narra Álvaro*

Sentí una punzada en el pecho. Olvidado…

-¿Álvaro? ¿Estás bien?

-Perfectamente, no te jode…

-¿Perdón?

-Que para mí no fue un simple beso, que… que yo no lo pienso olvidar. No sé qué me pasa contigo, pero…

-No. No me quieres Álvaro. Es atracción lo que sientes, nada más. Y yo estoy con Blas, así que haz el favor de olvidarte de mí.

-No quiero olvidarme de ti Marta. Por lo menos, déjame ser tu amigo.

-Yo no tengo ningún problema en ello… Tú dirás.

-¿Amigos?

-Claro –dijo sonriendo. Nos dimos un abrazo. Y en ese momento vi que, en estos días, ella había tenido razón. Que sólo había sido atracción lo que sentía por ella. Que de verdad no la quería como algo más. Que en mi cabeza solo estaba Paula.

-Gracias Marta, en serio.

-Mm… ¿De nada? –soltó una risilla tras poner una cara rara que me hizo reír.

-Anda, vamos a entrar que te debes estar quedando helada.

-Hombre, pues ahora que lo dices…

Entramos y ella se fue donde estaban sus amigos, yo fui donde estaban mis compañeros… y ella. La levanté sin decir nada y la besé. Al principio se quedó sorprendida pero no tardó en seguirme el beso.

-¿Y esto? –dijo a centímetros de mi, con una sonrisa.

-Porque me he dado cuenta de que te quiero a ti –fue ella la que me beso esta vez. Pasamos la noche entre risas, bailes y besos. Gracias a Marta, me había dado cuenta de a quién quería de verdad, de que, a veces, sin pensarlo, el amor está mucho más cerca de lo que te imaginas. Solo tienes que saber buscarlo. Porque tarde o temprano, lo acabas encontrando.