lunes, 31 de marzo de 2014

Epílogo


Y entonces llega el día. Ese día que cambia tu vida por completo. Ese día en el que ves las cosas de otra manera completamente diferente a como antes las habías visto antes. Ese día en el que sabes que vas a cambiar. Y en realidad, ya has cambiado. No sabes si a bien, o mal, pero has cambiado. Ese día en el que te encuentras completamente sola, buscando encontrarte a ti misma. Miles de pensamientos, sentimientos, impulsos, te llenan, martillean, te vuelven loca. Y entonces paran. Paran, y te hacen ver todo de otro modo. No sabes si mejor, o peor. Sientes que estás perdida, pero a la vez más encontrada que nunca. Seguramente, no sabréis de lo que hablo. Bien, ni yo misma lo sé con claridad. Solo sé que estoy sola. Sola en un mundo de cobardes. Ya no creo en nada, ni en nadie. Ahora soy otra. Fuerte, guerrera. He cambiado en todos los aspectos. He adelgazado, mi pelo ahora es azul con mechas claras en las puntas. Mi aspecto ha cambiado. Ahora visto más provocativa, nada en comparación a cómo lo hacía antes. Antes era la niña buena. Y no pienso volver a serlo. De las personas que me rodeaban, solo Marina se ha quedado a mi lado, solo ella ha intentado entenderme, y apoyarme en mi decisión de mudarme a Estados Unidos. Nueva vida, nueva yo. Ella se ha quedado en Madrid con Carlos. En realidad, los voy a echar de menos, a todos. Pero yo no podía más, no allí. Le pedí que me enviara mis cosas y así hizo. Nunca volví a allí. Ninguno entendió mi reacción. Pero me daba igual. Al infierno el amor. No estaba dispuesta a sufrir como lo hice. No esta vez. No volvería a caer en el juego mortal del amor que casi me deja sin vida.

 

 
 
 
 
 
 
 
 

 

Y de repente, desperté. Estaba completamente sudada, y mi pulso iba a mil por hora. Mi madre entró corriendo a mi habitación. Aunque no la recordaba así. Esta era blanca, completamente.

-Marta cariño, ¿estás bien? Oh dios mío, ha despertado, ¡Emilio corre, llama a un médico!

-¿Qué… habéis pintado mi habitación? –mi madre hizo una mueca intentando sonreír.

-No cariño, estás en el hospital.

-¿Pero… por qué?

-Te caíste y te diste un fuerte golpe en la cabeza. Has estado en coma tres meses -¿Había oído bien? ¿En coma? ¿Tres meses?

-¿Y Marina y Blas? –dije un poco aturdida.

-¿Quiénes son esos? –dijo mi madre.

-Mis… mis mejores amigos…

-No cariño, son Elena y Bego –me acarició un poco el pelo y me hizo recostar. Y de repente entendí todo. Todo aquello me lo había imaginado, nada era real. Y ninguno de ellos existe en realidad.

2 comentarios:

  1. O.O holaaaa?? increible, sin palabras... está genial!! y no veas que final!! enhorabuena :P

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ai, muchísimas gracias! Entonces he cumplido mi objetivo :) Me alegro de que te haya gustado, y gracias de verdad! :)

      Eliminar