Dos meses después.
La vida me sonreía. O así lo
creía. Los chicos se empezaban a abrir un poco en el mundillo de la música.
Tras lo de destino eurovisión, todo les ha ido genial. En todos los aspectos,
amor incluido. Gloria y David por fin estaban juntos. Costó lo suyo, pero por
fin salen, y eso es lo que importa. Álvaro rompió con Paula, pero ella sigue en
el grupo, y no es rencorosa, todo lo contrario. Siempre le estará agradecida a
Álvaro de que la rescatara de aquel infierno en el que vivía. Ahora, ella está
en nuestra casa, y soltera. Es muy buena
persona. Y Álvaro… se ha fijado en Nagore. La verdad es que harían una pareja
estupenda, ya que a ella se le nota a kilómetros que le gusta. Pero bueno,
tiempo al tiempo. Silvia empezó a salir con Alberto, nuestro vecino. De los
tres, es el único con el que nos hablamos, el único decente. Hugo desapareció
sin decir nada. Lo agradecí, la verdad. Pero dejó un hueco inmenso dentro de
mí. Me sabe mal sentirme así, pero no lo puedo evitar, es algo que… no sé.
Marina y Carlos hacen la pareja más cuca que existe en este mundo. Están
siempre de broma, pero siempre acaban reconciliándose. Los dos payasos, los dos
geniales. Dani… mi Danielo es todo un “heartbreaker”. Es decir, a él esto de
las parejitas felices y ese rollo no le van. Prefiere salir de fiesta, conocer
gente… y que surja lo que surja. Pero aunque no lo parezca, es un tierno por
dentro. Se preocupa en cuanto te ve mal, y hace bromas estúpidas para hacerte
reír. Y Blas y yo… igual que siempre. Queriéndonos muchísimo, y demostrando
nuestro amor. Da igual dónde estemos, o lo que estemos haciendo, eso va a
seguir siendo así, o por lo menos así lo quiero. Cuando estoy con él, la
presión que siento en el pecho desde hace tiempo se desvanece, y me siento
bien, completa. Lo quiero, y no lo voy a negar. Él es el único que puede
rescatarme.
He estado unas cuantas veces en
el hospital. La presión de mi pecho hacía que los mareos y desmayos aumentaran,
y eso causó grandes estragos en mi manera de ser. Empecé a alejarme poco a poco
de todos, no quería que se preocuparan por mi o causarles problemas a ellos
también. Cualquier emoción fuera de lo normal me alteraba, y me desvanecía al
instante. Blas estaba muy pendiente de mí, pero tampoco quería eso. Es decir,
él tiene su vida, y no quiero que se la pase a mi lado cuidándome siempre y
dándome las pastillas que me tengo que tomar cada vez cual abuelica. Ni que
estuviera minusválida. Simplemente, son crisis nerviosas, según dijo el médico.
Lo que no sé, es la causa de esa crisis en la que me encuentro. ¿Por qué tantos
nervios internos? Ni yo me entendía a mí misma.
Habían sido dos mesen intensos.
La uni la llevaba bien, y aprobé todos los exámenes del trimestre. Nagore no
tuvo tanta suerte, y le cayeron dos. Álvaro la estuvo ayudando y bueno… unieron
lazos. Gloria y Silvia pasaron bien, al igual que yo.
Hoy era un día normal, como
cualquier otro. Estaba sentada encima de Blas, tirados en el sofá, sin hacer
nada interesante. Nos besábamos, reíamos y hablábamos de cualquier chorrada.
Era genial pasar tiempo con él. Aunque estuvieras haciendo la cosa menos
interesante en el mundo, era imposible no aburrirte con él. A nuestro lado,
estaban Gloria y David, alternando discusiones sobre tonterías con besos. Eran
una pareja chocante, pero eran la cuquez. Silvia y Nagore habían ido a comprar,
la nevera estaba pelada. Los demás, no lo sé. Bueno, Marina y Carlos llegaban
en un rato. Parecía esto una cita triple. XD.
-¿Y vais a iros de gira?
-Sí. Bueno, pero eso, hasta el
año que viene… Hemos tenido unos problemillas al sacar el disco, pero parece
que todo se está solucionando. Y menos mal.
-Me alegro muchísimo de verdad
–dije sonriente. El timbre sonó, y me levanté para abrir. Justo en ese momento,
el móvil de Blas sonó. Lo ignoró, y lo miré interrogante. Nunca lo suele hacer.
Dejo el tema al lado y abro la puerta. Abrazo a Marina y a Carlos y los invito
a pasar. Llegamos al salón y el móvil de Blas vuelve a sonar. Mira la
pantallita y vuelve a colgar.
-Los de la compañía son demasiado
pesados –dice excusándose. Sonrío y me acomodo a su lado. Pasamos la tarde de
“cine en casa”. Estuvo bastante bien. David y Carlos se fueron. Marina Gloria y
yo nos pusimos a hablar de cosas de chicas, tipo que teníamos que ir de
compras, que Mario Casas era un buenorro, o que los pantalones que llevaba ayer
Pilar parecían de abuela. Somos unas marujas, lo admito. Y a Blas… lo volvieron
a llamar. Le dije que lo cogiera y este, a regañadientes, salió a la terraza para
estar más tranquilo. Parecía nervioso, alterado. No sé, paranoias mías.
-Tías, ayer vi a Dani con una
pava saliendo de una discoteca –dijo Gloria.
-Bueno, habrá tenido una noche de
acción –sonreí ante mi comentario. Las dos soltaron una carcajada. Tras
aquello, aparecieron Silvia y Nagore cargadas hasta arriba de bolsas. Les
acompañaba Paula, ayudándolas. ¿Pero estas habían comprado el supermercado
entero o qué? Fuimos corriendo a ayudarlas y se fueron al salón, dejándome a mí
para que colocara todo. Putas zorras de mierda, algún día se lo devolveré. Todo
esto con amor. J.
Escuché gritos de la terraza. ¿Aún seguía este hombre hablando? Dejé lo que
estaba haciendo y fui a ver qué pasaba.
“Que me dejes en paz ya”. “Todo
fue un error”. “Oh vamos, no sabía lo que hacía”. “Sé que fue hace un par de
semanas, pero jamás debió ocurrir”. “Lu, olvídame”. “Está bien, nos vemos en
diez minutos”.
Mi cara palideció. ¿Qué había
sido un error? ¿Y hace dos semanas? ¿Y quién cojones es “Lu” y por qué quedaba
con ella? Fui corriendo a la cocina, por improvisar. Mi cabeza imaginaba lo
peor. Pero no podía ser posible, Blas jamás me sería infiel. Y tampoco se
pondría tan ebrio como para no saber lo que hace. No, debo haber entendido mal.
Sí, será eso. Claro, tiene sentido. Los mareos me deben estar afectando a la
audición y me provoca paranoias. Tiene que ser eso. No podría ser otra cosa,
no, yo confío plenamente en él. Pero si realmente ha pasado algo y no ha tenido
en valor de contármelo… no sé si podría perdonárselo. Es decir, estaríamos
hablando de una infidelidad, y de que Blas no confía en mí. ¿Blas confía en mí?
¿Por qué mierdas me martilleo la cabeza yo sola? Dios, creo que me va a
explotar en cualquier momento. Termino de colocar todo y salgo al salón, donde todos
conversan animadamente.
-Hei, peque, tengo que irme ya –dice
cogiéndome de la cintura y dándome un beso en la mejilla.
-Está bien, hasta luego –dije con
una sonrisa falsa. Tan pronto como salió por la puerta, me calcé con lo primero
que pillé y salí detrás de él bajo la atónita mirada de las chicas.
*Narra Marina*
Eso había sido… demasiado raro.
¿Por qué querría Martus salir a estas horas de la noche detrás de Blas?
Simplemente, la conozco, y no lo haría si no tuviese una buena razón. Solo
espero que luego me lo cuente…
-Eh… ¿Sabéis que ha pasado? –preguntó
Nagore nerviosa por la salida repentina de Marta.
-Ni idea. Esta loca. Seguro que
van a… -dice Gloria con una sonrisa pícara.
-¡Gloria, guarra! –dice Silvia
dándole en el hombro mientras todas reímos. Aunque sé que esa no es la razón,
si no, se habrían ido los dos sin más.
-Pues yo estoy preocupada. No
creo que sea algo así… parecía más algo con problemas…
-Espero que no, hacen muy buena
pareja –dice Paula, que hasta ahora no había intervenido.
-Voy a llamar a Carlos –digo de
repente, captando la mirada de todas. -Igual sabe algo –me encojo de hombros y
tecleo su número. A los tres bips me responde.
-Fea.
-Idiota.
-¿Ya me echas de menos?
-Mm… sí, pero no es por lo que te
llamo –se hace un silencio por parte de él para que continúe hablando. -¿Sabes
si Blas y Marta tienen algún problema? –yo directa al grano. ¿Para qué andarse
por los laureles?
-Pues que yo sepa no…
-¿De verdad? ¿Y algo que pudiese
hacer que hubiera algún roce?
-Mm… no. Oye, ¿por qué lo dices?
-Porque… no sé, Marta estaba rara
y ha salido corriendo detrás de Blas…
-Jope… pues no tengo ni idea
cielo. Si averiguas algo avísame, yo haré lo mismo.
-Está bien, gracias. Te quiero.
-Y yo a ti enana.
-¡Que no me llames así!
-En realidad te encanta –notaba su
sonrisa medio burlona detrás de la pantalla. Sonreí irónicamente.
-Adiós –y colgué. Me giré hacia
las chicas, que me miraban impacientes. –No sabe nada, y creo que los chicos
tampoco. Lo único que podemos hacer es esperar a que venga y nos lo cuente…
*Narra Marta*
Un fresco aire golpeó con fuerza
mi cara. Mierda, y yo sin nada de abrigo. Visualicé a Blas a lo lejos y corrí
hacia donde se dirigía. No debía perderlo de vista. Manteniendo las distancias,
lo seguí, con muchísimo cuidado de que no me descubriera. Dobló un callejón que
estaba abandonado. Me agaché y me asomé discretamente. Había una chica
esperándole, que le dió un corto pico en cuanto lo vio. Mis ojos parecían
salirse de sus órbitas. Me contuve, necesitaba pruebas.
-Hola Lu –dijo tras un suspiro.
Ella coqueteaba demasiado. Así que esta rubia de bote era “Lu”. Respiré hondo e
intenté aguardar. Blas tenía que haber venido a hacer que le deje en paz. Sí,
seguro que es eso. Abrí mis ojos y me concentré en la escena.
-Has venido –dijo ella con una
sonrisa juguetona mientras le acariciaba el pecho a Blas.
-Sí, pero no significa nada. Esto
no está bien.
-¿El qué?
-Que nos veamos teniendo novia.
-Reconoce que aquella noche
cambió tu vida cariño.
-No, no cambió nada. Llevo
esperándola desde que era pequeño.
-¿Y la quieres? ¿Confías en ella?
-Yo… -una lágrima salió de mi
rostro. ¿Dudaba de esa pregunta? Dios…
-¿Solo sientes cariño, verdad? Al
igual que conmigo. Solo que ella no te da lo que necesitas. Y yo sí –la zorra se echó el pelo hacia un lado
mientras le besaba el cuello. Miles de recuerdos me llegaban a la mente. Aquel
viaje a Murcia, donde todo aquello empezó.
“-Tengo ganas de besarte –me dice mirándome a los labios.
-¿A sí? ¿Y por qué no lo haces? –digo acercándome mucho más a él.
-Porque no sé si es lo correcto –dice y desvió su cara a mi oído. –Pero
no pienses que te vas a librar tan fácilmente –me dice besándome el cuello. Solté
una pequeña carcajada. Me muerde el cuello y suelto un leve gemido. Me había
marcado. Ahora se enteraría.
-Me has hecho daño cabrón –digo dejándole otro chupetón a él. Le había
cogido desprevenido”
-Eso no es verdad. No quiero
presionarla. Pero si es verdad que tengo ganas.
-Yo te daría todo lo que necesitaras
de eso, y más.
“Me subió encima de él y me llevo a su habitación, dejándome en la cama
con cuidado. Estaba muy nerviosa, pero a la vez lo necesitaba. Blas se puso
encima de mí con cuidado y empezó a acariciarme el muslo, sin parar de besarme.
Nada más sentir el contacto con su piel me puso la carme de gallina. Me
deseaba, lo notaba. Puse mis manos en su pecho y comencé a desabrocharle los
botones de la camisa blanca que llevaba. Mi vestido desapareció como por arte
de magia, sus pantalones también. Estaba convencida de que quería que él fuera
el primero, y así iba a ser. Estaba preparada. Me puse encima de él y me quitó
el sujetador. Jugué con la cinta de su bóxer, acariciando su abdomen y dándole
besos por el cuello, sabía que le excitaban. Se volvió a quedar encima de mí y
desapareció la poca ropa que aún nos quedaba.
-¿Estás segura? –me preguntó tras ponerse el preservativo.
-Quiero que seas el primero Blas. Aquí y ahora. Hazme tuya –dije, Blas
me besó. Entró con mucho cuidado en mí, y sentí un dolor agudo.
-¿Sigo?
Sí –volvió a repetir el movimiento, y yo me agarré fuerte a las sábanas.
-No preguntes, tú sigue. No pares por favor –dije antes de que él
dijese nada, y me obedeció. Lo sentía una y otra vez, y lo que antes era dolor
se convirtió en placer. Agarraba fuertemente la espalda de Blas, y él callaba
mis gemidos con besos apasionados, llenos de amor. Lo amaba demasiado. Llegamos
a tocar el cielo con la punta de los dedos, y él se echó a mi lado, algo
exhausto.”
-Lu, para…
-Mírame a los ojos y dime que no
me deseas.
-Yo… Lu… -se mordió el labio y
ella sonrió triunfal.
“-Estás siendo muy mala…
-¿Ah sí? –dije mientras bajaba mis manos por su pecho y jugando con el
botón superior de su camisa.
-Demasiado –solté otra risilla. -¿Y sabes lo que les pasa a las niñas
malas?
-Sorpréndeme.
-A las niñas malas se les castiga… Y tu castigo va a ser muy malo…
-dijo dándome besos en el cuello.
-Mm… Igual es la niña la que castiga hoy… -dije giñándole el ojo y
separándome de él, yendo hacia donde había menos gente.
-Las cosas no se dejan sin terminar pequeña –me dijo al oído. Me mordí
el labio y me giré hacia él.
-¿Y quién ha dicho que lo haya acabado? –le desabroché el primer botón
de su camisa y eché mi pelo hacia un lado. Sé que no aguantaría mucho más. Y no
estaba equivocada. Me empotró contra la pared y me besó con mucha pasión. Pero…
este no era el lugar. –No, no, no, señorito, aquí no… Controla tus deseos,
queda mucha noche por delante…”.
Blas la cogió de la nuca y le devoró
la boca. La zorra comenzó a manosearle, y a meter la mano por lugares
inapropiados. Era un mar de lágrimas. ¿Lo peor? Que él se dejaba. Él
disfrutaba. Y yo había pasado a ser un segundo plano. Todos esos momentos, esas
risas, esas discusiones… todo a la mierda. Decidí que ya había visto demasiado.
Me levanté de mi escondite, pero no me fui de allí. No, no, esto no iba a
quedar así. Fui hacia ellos y los cogí a ambos de los pelos, separándolos. En
ese momento, no era una persona, no era yo. Era alguien dominado por la rabia,
los celos, y el dolor de perder al supuesto “amor” de mi vida. Le pegué un
puñetazo a la rubia, haciéndola caer, e hice lo mismo con Blas.
-Marta… -susurró. Pero yo no escuchaba
nada. Le di unos cuantos puñetazos mientras él no oponía ninguna fuerza. Lo
derribé y seguí pegándole. Su cara sangraba, mis uñas se clavaban por su cuerpo
abriéndole la piel. Mis lágrimas no me permitían ver bien, pero me daba igual.
Quería morir, después de matarlo.
-Pensaba que me amabas hijo de puta. Pensaba que éramos
una maldita pareja. Pensaba que podía ser feliz a tu lado, que serías el padre
de mis hijos, que te acompañaría en tu primera gira –otro puñetazo en la sien.
Me incorporé como pude. –Pero ya veo que no. Todo era mentira, todo era una
puta y jodida mentira en la que he estado viviendo años, joder, años. Años
pensando que tú me amabas, que me correspondías. Pero veo que todos esos “te
amo” eran falsos, que lo único que querías era echar un puto polvo. ¿Sabes qué?
No me vuelvas a dirigir la palabra en tu puñetera vida Blas. Jamás. No me
busques, no me llames, no preguntes por mí. Porque esto no te lo pienso
perdonar en la puta vida –le di una patada en los huevos con toda la fuerza que
pude, él se retorció de dolor. –Olvídame jodido gilipollas de mierda. ¡Te odio!
¡TE ODIO! –y salí corriendo. Con mi mano ensangrentada, y sin rumbo alguno. No
podía creerlo, simplemente no quería creerlo. Me encontré en la estación de
autobuses. Cogí el billete del primero que salía. No quería pasar ni un maldito
segundo más aquí. No sabía a dónde iba, simplemente quería irme. Y así hice. Me
senté en el bus y lo dije. Jamás perdonaría a Blas. Nuestra historia… había
acabado.
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