lunes, 31 de marzo de 2014

"My own dreams" Capítulo 35 [FIN].


Dos meses después.

La vida me sonreía. O así lo creía. Los chicos se empezaban a abrir un poco en el mundillo de la música. Tras lo de destino eurovisión, todo les ha ido genial. En todos los aspectos, amor incluido. Gloria y David por fin estaban juntos. Costó lo suyo, pero por fin salen, y eso es lo que importa. Álvaro rompió con Paula, pero ella sigue en el grupo, y no es rencorosa, todo lo contrario. Siempre le estará agradecida a Álvaro de que la rescatara de aquel infierno en el que vivía. Ahora, ella está en nuestra casa, y  soltera. Es muy buena persona. Y Álvaro… se ha fijado en Nagore. La verdad es que harían una pareja estupenda, ya que a ella se le nota a kilómetros que le gusta. Pero bueno, tiempo al tiempo. Silvia empezó a salir con Alberto, nuestro vecino. De los tres, es el único con el que nos hablamos, el único decente. Hugo desapareció sin decir nada. Lo agradecí, la verdad. Pero dejó un hueco inmenso dentro de mí. Me sabe mal sentirme así, pero no lo puedo evitar, es algo que… no sé. Marina y Carlos hacen la pareja más cuca que existe en este mundo. Están siempre de broma, pero siempre acaban reconciliándose. Los dos payasos, los dos geniales. Dani… mi Danielo es todo un “heartbreaker”. Es decir, a él esto de las parejitas felices y ese rollo no le van. Prefiere salir de fiesta, conocer gente… y que surja lo que surja. Pero aunque no lo parezca, es un tierno por dentro. Se preocupa en cuanto te ve mal, y hace bromas estúpidas para hacerte reír. Y Blas y yo… igual que siempre. Queriéndonos muchísimo, y demostrando nuestro amor. Da igual dónde estemos, o lo que estemos haciendo, eso va a seguir siendo así, o por lo menos así lo quiero. Cuando estoy con él, la presión que siento en el pecho desde hace tiempo se desvanece, y me siento bien, completa. Lo quiero, y no lo voy a negar. Él es el único que puede rescatarme.

He estado unas cuantas veces en el hospital. La presión de mi pecho hacía que los mareos y desmayos aumentaran, y eso causó grandes estragos en mi manera de ser. Empecé a alejarme poco a poco de todos, no quería que se preocuparan por mi o causarles problemas a ellos también. Cualquier emoción fuera de lo normal me alteraba, y me desvanecía al instante. Blas estaba muy pendiente de mí, pero tampoco quería eso. Es decir, él tiene su vida, y no quiero que se la pase a mi lado cuidándome siempre y dándome las pastillas que me tengo que tomar cada vez cual abuelica. Ni que estuviera minusválida. Simplemente, son crisis nerviosas, según dijo el médico. Lo que no sé, es la causa de esa crisis en la que me encuentro. ¿Por qué tantos nervios internos? Ni yo me entendía a mí misma.

Habían sido dos mesen intensos. La uni la llevaba bien, y aprobé todos los exámenes del trimestre. Nagore no tuvo tanta suerte, y le cayeron dos. Álvaro la estuvo ayudando y bueno… unieron lazos. Gloria y Silvia pasaron bien, al igual que yo.

Hoy era un día normal, como cualquier otro. Estaba sentada encima de Blas, tirados en el sofá, sin hacer nada interesante. Nos besábamos, reíamos y hablábamos de cualquier chorrada. Era genial pasar tiempo con él. Aunque estuvieras haciendo la cosa menos interesante en el mundo, era imposible no aburrirte con él. A nuestro lado, estaban Gloria y David, alternando discusiones sobre tonterías con besos. Eran una pareja chocante, pero eran la cuquez. Silvia y Nagore habían ido a comprar, la nevera estaba pelada. Los demás, no lo sé. Bueno, Marina y Carlos llegaban en un rato. Parecía esto una cita triple. XD.

-¿Y vais a iros de gira?

-Sí. Bueno, pero eso, hasta el año que viene… Hemos tenido unos problemillas al sacar el disco, pero parece que todo se está solucionando. Y menos mal.

-Me alegro muchísimo de verdad –dije sonriente. El timbre sonó, y me levanté para abrir. Justo en ese momento, el móvil de Blas sonó. Lo ignoró, y lo miré interrogante. Nunca lo suele hacer. Dejo el tema al lado y abro la puerta. Abrazo a Marina y a Carlos y los invito a pasar. Llegamos al salón y el móvil de Blas vuelve a sonar. Mira la pantallita y vuelve a colgar.

-Los de la compañía son demasiado pesados –dice excusándose. Sonrío y me acomodo a su lado. Pasamos la tarde de “cine en casa”. Estuvo bastante bien. David y Carlos se fueron. Marina Gloria y yo nos pusimos a hablar de cosas de chicas, tipo que teníamos que ir de compras, que Mario Casas era un buenorro, o que los pantalones que llevaba ayer Pilar parecían de abuela. Somos unas marujas, lo admito. Y a Blas… lo volvieron a llamar. Le dije que lo cogiera y este, a regañadientes, salió a la terraza para estar más tranquilo. Parecía nervioso, alterado. No sé, paranoias mías.

-Tías, ayer vi a Dani con una pava saliendo de una discoteca –dijo Gloria.

-Bueno, habrá tenido una noche de acción –sonreí ante mi comentario. Las dos soltaron una carcajada. Tras aquello, aparecieron Silvia y Nagore cargadas hasta arriba de bolsas. Les acompañaba Paula, ayudándolas. ¿Pero estas habían comprado el supermercado entero o qué? Fuimos corriendo a ayudarlas y se fueron al salón, dejándome a mí para que colocara todo. Putas zorras de mierda, algún día se lo devolveré. Todo esto con amor. J. Escuché gritos de la terraza. ¿Aún seguía este hombre hablando? Dejé lo que estaba haciendo y fui a ver qué pasaba.

“Que me dejes en paz ya”. “Todo fue un error”. “Oh vamos, no sabía lo que hacía”. “Sé que fue hace un par de semanas, pero jamás debió ocurrir”. “Lu, olvídame”. “Está bien, nos vemos en diez minutos”.

Mi cara palideció. ¿Qué había sido un error? ¿Y hace dos semanas? ¿Y quién cojones es “Lu” y por qué quedaba con ella? Fui corriendo a la cocina, por improvisar. Mi cabeza imaginaba lo peor. Pero no podía ser posible, Blas jamás me sería infiel. Y tampoco se pondría tan ebrio como para no saber lo que hace. No, debo haber entendido mal. Sí, será eso. Claro, tiene sentido. Los mareos me deben estar afectando a la audición y me provoca paranoias. Tiene que ser eso. No podría ser otra cosa, no, yo confío plenamente en él. Pero si realmente ha pasado algo y no ha tenido en valor de contármelo… no sé si podría perdonárselo. Es decir, estaríamos hablando de una infidelidad, y de que Blas no confía en mí. ¿Blas confía en mí? ¿Por qué mierdas me martilleo la cabeza yo sola? Dios, creo que me va a explotar en cualquier momento. Termino de colocar todo y salgo al salón, donde todos conversan animadamente.

-Hei, peque, tengo que irme ya –dice cogiéndome de la cintura y dándome un beso en la mejilla.

-Está bien, hasta luego –dije con una sonrisa falsa. Tan pronto como salió por la puerta, me calcé con lo primero que pillé y salí detrás de él bajo la atónita mirada de las chicas.

*Narra Marina*

Eso había sido… demasiado raro. ¿Por qué querría Martus salir a estas horas de la noche detrás de Blas? Simplemente, la conozco, y no lo haría si no tuviese una buena razón. Solo espero que luego me lo cuente…

-Eh… ¿Sabéis que ha pasado? –preguntó Nagore nerviosa por la salida repentina de Marta.

-Ni idea. Esta loca. Seguro que van a… -dice Gloria con una sonrisa pícara.

-¡Gloria, guarra! –dice Silvia dándole en el hombro mientras todas reímos. Aunque sé que esa no es la razón, si no, se habrían ido los dos sin más.

-Pues yo estoy preocupada. No creo que sea algo así… parecía más algo con problemas…

-Espero que no, hacen muy buena pareja –dice Paula, que hasta ahora no había intervenido.

-Voy a llamar a Carlos –digo de repente, captando la mirada de todas. -Igual sabe algo –me encojo de hombros y tecleo su número. A los tres bips me responde.

-Fea.

-Idiota.

-¿Ya me echas de menos?

-Mm… sí, pero no es por lo que te llamo –se hace un silencio por parte de él para que continúe hablando. -¿Sabes si Blas y Marta tienen algún problema? –yo directa al grano. ¿Para qué andarse por los laureles?

-Pues que yo sepa no…

-¿De verdad? ¿Y algo que pudiese hacer que hubiera algún roce?

-Mm… no. Oye, ¿por qué lo dices?

-Porque… no sé, Marta estaba rara y ha salido corriendo detrás de Blas…

-Jope… pues no tengo ni idea cielo. Si averiguas algo avísame, yo haré lo mismo.

-Está bien, gracias. Te quiero.

-Y yo a ti enana.

-¡Que no me llames así!

-En realidad te encanta –notaba su sonrisa medio burlona detrás de la pantalla. Sonreí irónicamente.

-Adiós –y colgué. Me giré hacia las chicas, que me miraban impacientes. –No sabe nada, y creo que los chicos tampoco. Lo único que podemos hacer es esperar a que venga y nos lo cuente…

 

*Narra Marta*

Un fresco aire golpeó con fuerza mi cara. Mierda, y yo sin nada de abrigo. Visualicé a Blas a lo lejos y corrí hacia donde se dirigía. No debía perderlo de vista. Manteniendo las distancias, lo seguí, con muchísimo cuidado de que no me descubriera. Dobló un callejón que estaba abandonado. Me agaché y me asomé discretamente. Había una chica esperándole, que le dió un corto pico en cuanto lo vio. Mis ojos parecían salirse de sus órbitas. Me contuve, necesitaba pruebas.

-Hola Lu –dijo tras un suspiro. Ella coqueteaba demasiado. Así que esta rubia de bote era “Lu”. Respiré hondo e intenté aguardar. Blas tenía que haber venido a hacer que le deje en paz. Sí, seguro que es eso. Abrí mis ojos y me concentré en la escena.

-Has venido –dijo ella con una sonrisa juguetona mientras le acariciaba el pecho a Blas.

-Sí, pero no significa nada. Esto no está bien.

-¿El qué?

-Que nos veamos teniendo novia.

-Reconoce que aquella noche cambió tu vida cariño.

-No, no cambió nada. Llevo esperándola desde que era pequeño.

-¿Y la quieres? ¿Confías en ella?

-Yo… -una lágrima salió de mi rostro. ¿Dudaba de esa pregunta? Dios…

-¿Solo sientes cariño, verdad? Al igual que conmigo. Solo que ella no te da lo que necesitas. Y yo sí  –la zorra se echó el pelo hacia un lado mientras le besaba el cuello. Miles de recuerdos me llegaban a la mente. Aquel viaje a Murcia, donde todo aquello empezó.

 

“-Tengo ganas de besarte –me dice mirándome a los labios.

-¿A sí? ¿Y por qué no lo haces? –digo acercándome mucho más a él.

-Porque no sé si es lo correcto –dice y desvió su cara a mi oído. –Pero no pienses que te vas a librar tan fácilmente –me dice besándome el cuello. Solté una pequeña carcajada. Me muerde el cuello y suelto un leve gemido. Me había marcado. Ahora se enteraría.

-Me has hecho daño cabrón –digo dejándole otro chupetón a él. Le había cogido desprevenido”

 

-Eso no es verdad. No quiero presionarla. Pero si es verdad que tengo ganas.

-Yo te daría todo lo que necesitaras de eso, y más.

 

Me subió encima de él y me llevo a su habitación, dejándome en la cama con cuidado. Estaba muy nerviosa, pero a la vez lo necesitaba. Blas se puso encima de mí con cuidado y empezó a acariciarme el muslo, sin parar de besarme. Nada más sentir el contacto con su piel me puso la carme de gallina. Me deseaba, lo notaba. Puse mis manos en su pecho y comencé a desabrocharle los botones de la camisa blanca que llevaba. Mi vestido desapareció como por arte de magia, sus pantalones también. Estaba convencida de que quería que él fuera el primero, y así iba a ser. Estaba preparada. Me puse encima de él y me quitó el sujetador. Jugué con la cinta de su bóxer, acariciando su abdomen y dándole besos por el cuello, sabía que le excitaban. Se volvió a quedar encima de mí y desapareció la poca ropa que aún nos quedaba.

-¿Estás segura? –me preguntó tras ponerse el preservativo.

-Quiero que seas el primero Blas. Aquí y ahora. Hazme tuya –dije, Blas me besó. Entró con mucho cuidado en mí, y sentí un dolor agudo.

-¿Sigo?

Sí –volvió a repetir el movimiento, y yo me agarré fuerte a las sábanas.

-No preguntes, tú sigue. No pares por favor –dije antes de que él dijese nada, y me obedeció. Lo sentía una y otra vez, y lo que antes era dolor se convirtió en placer. Agarraba fuertemente la espalda de Blas, y él callaba mis gemidos con besos apasionados, llenos de amor. Lo amaba demasiado. Llegamos a tocar el cielo con la punta de los dedos, y él se echó a mi lado, algo exhausto.”

 

-Lu, para…

-Mírame a los ojos y dime que no me deseas.

-Yo… Lu… -se mordió el labio y ella sonrió triunfal.

 

“-Estás siendo muy mala…

-¿Ah sí? –dije mientras bajaba mis manos por su pecho y jugando con el botón superior de su camisa.

-Demasiado –solté otra risilla. -¿Y sabes lo que les pasa a las niñas malas?

-Sorpréndeme.

-A las niñas malas se les castiga… Y tu castigo va a ser muy malo… -dijo dándome besos en el cuello.

-Mm… Igual es la niña la que castiga hoy… -dije giñándole el ojo y separándome de él, yendo hacia donde había menos gente.

-Las cosas no se dejan sin terminar pequeña –me dijo al oído. Me mordí el labio y me giré hacia él.

-¿Y quién ha dicho que lo haya acabado? –le desabroché el primer botón de su camisa y eché mi pelo hacia un lado. Sé que no aguantaría mucho más. Y no estaba equivocada. Me empotró contra la pared y me besó con mucha pasión. Pero… este no era el lugar. –No, no, no, señorito, aquí no… Controla tus deseos, queda mucha noche por delante…”.

 

Blas la cogió de la nuca y le devoró la boca. La zorra comenzó a manosearle, y a meter la mano por lugares inapropiados. Era un mar de lágrimas. ¿Lo peor? Que él se dejaba. Él disfrutaba. Y yo había pasado a ser un segundo plano. Todos esos momentos, esas risas, esas discusiones… todo a la mierda. Decidí que ya había visto demasiado. Me levanté de mi escondite, pero no me fui de allí. No, no, esto no iba a quedar así. Fui hacia ellos y los cogí a ambos de los pelos, separándolos. En ese momento, no era una persona, no era yo. Era alguien dominado por la rabia, los celos, y el dolor de perder al supuesto “amor” de mi vida. Le pegué un puñetazo a la rubia, haciéndola caer, e hice lo mismo con Blas.

-Marta… -susurró. Pero yo no escuchaba nada. Le di unos cuantos puñetazos mientras él no oponía ninguna fuerza. Lo derribé y seguí pegándole. Su cara sangraba, mis uñas se clavaban por su cuerpo abriéndole la piel. Mis lágrimas no me permitían ver bien, pero me daba igual. Quería morir, después de matarlo.
-Pensaba que me amabas hijo de puta. Pensaba que éramos una maldita pareja. Pensaba que podía ser feliz a tu lado, que serías el padre de mis hijos, que te acompañaría en tu primera gira –otro puñetazo en la sien. Me incorporé como pude. –Pero ya veo que no. Todo era mentira, todo era una puta y jodida mentira en la que he estado viviendo años, joder, años. Años pensando que tú me amabas, que me correspondías. Pero veo que todos esos “te amo” eran falsos, que lo único que querías era echar un puto polvo. ¿Sabes qué? No me vuelvas a dirigir la palabra en tu puñetera vida Blas. Jamás. No me busques, no me llames, no preguntes por mí. Porque esto no te lo pienso perdonar en la puta vida –le di una patada en los huevos con toda la fuerza que pude, él se retorció de dolor. –Olvídame jodido gilipollas de mierda. ¡Te odio! ¡TE ODIO! –y salí corriendo. Con mi mano ensangrentada, y sin rumbo alguno. No podía creerlo, simplemente no quería creerlo. Me encontré en la estación de autobuses. Cogí el billete del primero que salía. No quería pasar ni un maldito segundo más aquí. No sabía a dónde iba, simplemente quería irme. Y así hice. Me senté en el bus y lo dije. Jamás perdonaría a Blas. Nuestra historia… había acabado.



No hay comentarios:

Publicar un comentario